Este martes los diez policías y soldados liberados por las FARC narraron su larga historia de cautiverio en manos de la guerrilla más antigua de América Latina, acompañada por relatos de supervivencia e intentos de fuga. Los exsecuestrados coincidieron que si bien grupo armado está debilitado y desgastado ello no supone que esté derrotado.
Los policías y militares liberados este lunes por las FARC, después de varios años de secuestro, coincidieron hoy en afirmar que el grupo guerrillero está debilitado, pero no derrotado.
El intendente de Policía Carlos José Duarte dijo en una rueda de prensa, junto a sus otros compañeros policías liberados ayer, que esa guerrilla "está debilitada, tiene problemas, pero no está derrotada" y recordó que cuando las
Fuerzas Armadas Revolucionadas de Colombia (FARC) los secuestraron "eran una guerrilla fuerte, que mostraba fuerza".
"Hoy se puede notar que es una guerrilla debilitada", observó el exsecuestrado, que observó que esto se debe a "lo que pasó en el Caguán", las negociaciones fallidas entre 1998 y 2002, así como al "mandato del (ex)presidente (Álvaro) Uribe y la forma como los atacaron frontalmente".
Duarte, quien fue secuestrado en la toma a la estación de Policía de Puerto Rico (Meta, centro) el 11 de julio de 1999, señaló que las FARC tienen problemas de abastecimiento y de movimientos, puesto que mientras hace unos años podían pasar hasta un año en un campamento, "hoy no se puede durar más de dos días".
"No pueden escuchar ni un avión porque eso es el pánico", añadió. Las FARC han encajado desde 2008 una serie de golpes a su jerarquía, con la pérdida de su líder fundador,
Pedro Antonio Marín, alias "Tirofijo", por muerte natural; de su portavoz internacional, Luis Edgar Devia, "Raúl Reyes", en marzo de ese año tras un bombardeo del Ejército colombiano a un campamento en Ecuador, y de Manuel de Jesús Muñoz, "Iván Ríos", miembro del mando central, a manos de su escolta.
Después, en septiembre de 2010, recibieron un golpe histórico cuando murió su jefe militar, Jorge Briceño, alias "Mono Jojoy", en un operativo militar y en noviembre pasado con el fallecimiento en combates de
Guillermo León Saénz, "Alfonso Cano".

Todos estos golpes unidos a los rescates militares de rehenes han llevado a que las filas guerrilleras estén "bajas de moral", aseguró en otra rueda de prensa el suboficial del Ejército Luis Alfredo Moreno, otro de los liberados ayer y secuestrado el 3 de agosto de 1998 en la base de Miraflores (departamento del Guaviare).
"Entre ellos (los guerrilleros) se dan moral porque los golpes que han recibido ha cambiado ese pensamiento y veo que pueden llegar a sentarse a un proceso de paz, veo que ellos están pensándolo" remarcó Moreno.
Por su parte, el también sargento del Ejército Luis Alfonso Beltrán, de 41 años y secuestrado en marzo de 1988 en el departamento selvático de Caquetá, coincidió con su compañero de cautiverio, al asegurar que acciones como la "Operación Jaque", uno de los rescates más famosos "han cambiado
las políticas de guerra en Colombia".
En la
"Operación Jaque", en julio de 2008, fueron rescatados sin un solo disparo la excandidata presidencial Íngrid Betancourt, tres contratistas estadounidenses y once militares y policías colombianos.
Beltrán subrayó que incluso un rebelde le admitió un día: "el presidente (colombiano, Juan Manuel) Santos es paciente, pero nos ha dado duro". Por otro lado, Duarte desmintió que en la guerrilla haya menores de edad y argumentó que los más jóvenes tienen 17 años y la mayoría más de 20.
Además, aseguró no tener conocimiento del
secuestro de al menos 400 civiles, como afirma la organización no gubernamental (ONG) País Libre y apuntó que los únicos civiles con los que coincidió en cautiverio fueron "los políticos".
Los liberados son los militares Luis Alfonso Beltrán Franco, Luis Arturo Arcia, Robinson Salcedo Guarín y Luis Alfredo Moreno Chagüeza, y los policías Carlos José Duarte, César Augusto Lasso Monsalve, Jorge Trujillo Solarte, Jorge Humberto Romero, José Libardo Forero y Wilson Rojas Medina, todos ellos secuestrados entre 1998 y 1999.
Ocho años encadenadosLo uniformados también relataron a la prensa el maltrato al que fueron sometidos durante su largo cautiverio, encadenados durante años, y dieron cuenta de un fallido intento de fuga que por poco les cuesta la vida a algunos de ellos.
"Todos los días nuestras vidas corrían peligro", afirmó el policía Wilson Rojas Medina en una conferencia con la prensa en Bogotá, donde se encuentra desde el lunes por la noche junto a los demás uniformados liberados.
Rojas,
intendente jefe de la Policía Nacional, resumió así los peligros que los ahora exrehenes debieron afrontar durante el tiempo que estuvieron en manos de las FARC, alguno hasta más de 14 años, ya que todos ellos fueron hechos cautivos entre 1998 y 1999 en distintas regiones de Colombia.
"Era un peligro diario", apuntó el intendente, quien en alguna ocasión se salvó junto a otros tres secuestrados de morir víctima de un rayo, descarga que mató al guerrillero que hacía de carcelero.
Pero además, estos militares y policías afrontaron amenazas y maltrato y, paradójicamente, el asedio de las fuerzas de seguridad, que nunca
descartaron la posibilidad del rescate."Estuvimos encadenados por largos ocho años (...), es más, encadenados por parejas, las 24 horas del día, en ocasiones estuvimos encadenados de los pies y, en ocasiones, de las manos", denunció Luis Alberto Arcia, sargento del Ejército Nacional, también a los periodistas.
Arcia, que estuvo más de 14 años cautivo, observó que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) siempre estuvieron expectantes ante una posible operación de rescate militar, caso en el que no iban a permitir que los cautivos salieran con vida.
Sin embargo, una de las peores experiencias la vivieron los policías Jorge Trujillo Solarte y José Libardo Forero, quienes una noche lluviosa huyeron de los rebeldes y lograron permanecer fugados durante un mes.
"Ese día renunciamos a la vida, había que salir, vivir o morir, y salimos", dijo Solarte, mientras que su compañero Forero apuntó: "Pedía a Dios que me diera algo para iluminar y apareció una luciérnaga; el Señor nos había indicado y a partir de ahí sobrevivimos con siete paquetes de galletas y dos arepas", unas tortas de harina de maíz.
El cautiverio también tuvo sus paradojas, como lo expuso el intendente jefe de la Policía Wilson Rojas Medina: "Sentir
el asedio de las tropas cuando uno pertenece a las instituciones, sentir el asedio de los aviones y tener que huir. Es algo demasiado duro".
Los seis policías liberados el lunes se mostraron dispuestos
a seguir en el servicio activo de la Policía Nacional, después de que se emitieran sendos partes médicos emitidos por los hospitales de la Policía y el Ejército sobre la salud de los liberados. En ambos reportes se estableció que los uniformados están "estables" y presentan "buenas condiciones generales y mentales".
Algunos padecieron paludismo y leishmaniasis, ambas enfermedades tropicales comunes, mientras que otros perdieron peso y contrajeron males digestivos, según los mismos informes, que indicaron que varios uniformados deben recibir asistencia en salud mental.
En el caso de los militares, la subdirectora del Hospital Militar, la coronel Clara Galvis, detalló que los exsecuestrados "están en su fase de adaptación, (pues) vienen de un estrés de muchos años, de estar fuera de su realidad, de su familia".
"Están estables, en su parte anímica están adaptándose a esta nueva realidad", añadió la médico, para admitir que el énfasis en la atención de estos exsecuestrados es en la salud mental.
El estado de los militares y policías había sido previamente constatado por
el presidente Juan Manuel Santos, quien los visitó por separado en sus hospitales.
"Viéndolos libres (...) es un motivo muy importante de regocijo", expresó Santos, quien reiteró que valora en su dimensión este paso de las FARC, pero que también lo considera insuficiente, por cuanto los rebeldes deben dar unas "muestras más fehacientes" de su voluntad de paz.