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El ejemplo de Rajoy
martes 10 de abril de 2012, 12:27h
Rajoy se ha quedado sin vacaciones de Semana Santa. Lo que debería parecer lógico, natural y hasta obligado para un presidente del Gobierno que acaba de llegar a La Moncloa y que lucha con desesperación para que España salga del atolladero, resulta una auténtica novedad, casi una paradoja.
Zapatero se escapaba a Doñana cada vez que se acercaba cualquier fiesta, se apoltronaba en su hamaca favorita entre alcornoques y sesteaba, mientras España se hundía en la miseria, sobre todo por sus torpezas y su soberbia progresista. Pero no perdonaba una siesta. Felipe González pasó los años de sus últimos Gobiernos podando bonsáis y fumando puros en la bodeguilla con sus amiguetes de El País, mientras la corrupción se extendía como la pólvora, el director general de la Guardia Civil robaba de los fondos reservados para gastárselo en cocaína y en orgías, el presidente del Banco de España urdía negocios sucios y los escuadrones de la muerte campaban a sus anchas.
Tampoco Rajoy, cuando era jefe de la Oposición, perdonó una fiesta, ni una siesta. Pero, al menos, ahora se ha dado cuenta de que con la que está cayendo en España supondría una desfachatez y hasta una provocación largarse a Pontevedra a dar paseos en bicicleta. Un ejemplo, pues, de la actitud y de la seriedad con la que el presidente se está tomando su trabajo y un síntoma de que está luchando a brazo partido para intentar que la crisis se supere cuanto antes.
Es él el primero que sabe que la tarea que tiene por delante es difícil, ardua y que será un milagro salir pronto del agujero negro de la economía española. Lo ha reconocido él mismo. Pero, al menos, está aplicando coherencia, sensatez y trabajo para que los españoles comiencen a respirar cuanto antes y para que Europa y el mundo nos consideren un país serio.
Un ejemplo, un síntoma de los nuevos tiempos que vienen. El Gobierno del PP tendrá más o menos éxito. Eso depende de muchos factores, algunos incontrolables para su propio Ejecutivo, pues Europa aprieta mucho y la situación es catastrófica. Pero Rajoy da la cara y lucha. Al, menos se lo está currando y no se ha ido a bambolearse a la antigua hamaca de Zapatero mientras arde el país de punta a punta. España ya tiene un presidente del Gobierno.
Antes, tenía a un progre trasnochado que nunca entendió nada. Y que, aunque parezca exagerado, es probable que le importara un bledo. Logró convertirse en un progresista de nuevo cuño para aquellos intelectualoides que le saqueaban los Presupuestos Generales del Estado, los de la ceja y algunos más, y para esos países de sátrapas, dictadores y populistas con los que tan bien se llevaba. Y, por eso, ahora cobra 60.000 euros por dar una conferencia en Venezuela sobre economía. De risa. El último genio de las finanzas se forra en unos de los países más corruptos y más dictatoriales del mundo. Lo que quería.