España: Poder y razón
martes 10 de abril de 2012, 21:22h
Releo un muy sugerente artículo de José Luis Pinillos publicado en junio de 1964 en la Revista de Occidente (nº 15) titulado “Fuerza y razón en la convivencia humana”. Es un artículo cargado de sentido común y claridad, y cuyas argumentaciones principales son de gran actualidad y utilidad a nuestra maltrecha vida política. Aboga el profesor Pinillos por la necesidad que, ante la complejidad creciente de nuestro mundo moderno, tenemos de mayor lucidez intelectual y espíritu de cooperación. Razón y cooperación es lo que demanda nuestra nueva época, en términos orteguianos, comportamientos racio-vitalistas frente a formas de vida irracio-vitalistas.
Si observamos los últimos años de nuestra vida política, la lucidez intelectual y, especialmente el espíritu de cooperación en aquellos temas que precisaban de éste, lamentablemente han brillado por su ausencia. Nuestra vida política se está reduciendo peligrosamente a la conquista del poder, en detrimento de la política razonable y racional que necesita nuestra Nación. De ahí, en parte, el desencanto y progresivo alejamiento de la ciudadanía respecto de su clase política. El profesor Pinillos nos recuerda que el fomento de los comportamientos racio-vitalistas se pueden basar, al menos, en cuatro fuentes: la exhortación moral, el consejo religioso, la persuasión política y el cultivo de las humanidades. Realmente el hombre razonable y comprometido con su tiempo no surge del campo, como las amapolas, precisa de una formación, de un cultivo, de un ambiente favorable para que se pueda dar y actuar con eficacia en la vida pública de su Nación. La confrontación maniquea entre la España de izquierdas y de derechas que hemos sufrido especialmente en estos últimos años no nos está haciendo ningún bien como país, nos está restando fuerza, energía, cooperación, racionalidad para los grandes e importantísimos retos que tenemos, estando como estamos al borde del abismo. No es tiempo de miserias cortoplacistas, es el momento de la generosidad, el trabajo y la grandeza que el momento requiere.
La política entendida exclusivamente en términos competitivos, por encima del interés general y de las cuestiones de Estado -como la educación, la justicia, la sanidad o la propia organización territorial-, termina necesariamente mal, perjudicando muy seriamente al futuro y viabilidad del propio Estado. Algo de eso hemos experimentado estos años en España y puede ser, entre otras, causa de la situación crítica que vivimos. La competitividad política lógicamente tiene su margen de terreno, pero pasar determinadas fronteras o líneas rojas es tirar piedras contra nuestro propio tejado. Más que hombres de poder, hoy España necesita de hombres y mujeres de razón. José Luis Pinillos nos recuerda con acierto que “al hombre de poder le interesa clasificar a las personas y a las cosas en dos grandes y excluyentes grupos: el de lo que puede favorecer la propia fuerza, y el de lo que puede ponerla en peligro. Ante una situación cualquiera, lo que verdaderamente le importa es decidir con seguridad, con absoluta seguridad, si hay que interpretarla en términos de ataque o de defensa […], dónde se hallan los amigos y dónde los enemigos […] Lo que no está con él está contra él, porque los objetos o personas poco definidos pueden transformarse en cualquier momento en inesperados agresores. Lo indefinido es una amenaza en potencia, que hay que conjurar a tiempo obligándolo a precisarse claramente”.
Cada vez más en nuestra vida política hay más hombres de poder, en el sentido descrito, y menos hombres de razón. La política cada vez degenera más en confrontación simple e irracional, lucha por el poder sin más, llevándose demasiadas cosas por delante. Se pierde el contacto, por un lado, con lo cotidiano, el día a día y lo que importa e interesa al ciudadano y, por otro, las últimas finalidades de la política, la vocación de servicio, la búsqueda prioritaria del bien común, que no puede ni debe perecer ante la lucha por el poder. Concluyo con otra reflexión muy actual e ilustrativa del profesor Pinillos: “El maniqueísmo contemporáneo se desarrolla espléndidamente en el abonado terreno del irracio-vitalismo. En él fructifican los prejuicios raciales -o de otro tipo-, escindiendo el mundo en un reino de luz y perfección y otro de tinieblas y maldad. Dentro del propio grupo, todo es bondad y claridad; fuera de él no hay sino oscuridad y tenebrosos designios. En la tierra de nadie que separa el gran frente de esta lucha del bien contra el mal, solo hay lugar para los muertos y las ratas. En las relaciones humanas no hay, pues, lugar para los términos medios”.
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Catedrático de Derecho de la URJC
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