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La guerra de Argelia cumple cincuenta años

Víctor Morales Lezcano
viernes 13 de abril de 2012, 21:50h
Ese agudo editorialista francés que lleva por nombre Jacques Julliard, ha puntualizado recientemente que “nunca hay que establecer hipótesis a partir de nuestras convicciones”. El hecho de que la máxima de Julliard se refiera a los acontecimientos patéticos sucedidos en Montauban-Toulouse, que han tenido en vilo al Hexágono, no quita para que su alcance sea extensivo a otras situaciones, históricas o actuales.

Por ejemplo -y a ello consagraremos esta columna de EL IMPARCIAL-, la Guerra de Argelia sería un referente arquetípico al que podría aplicarse la frase de marras. Entre marzo-junio de 1962, es decir, hace cincuenta años, vinieron a concluir los acontecimientos que se escalonaron a partir de 1954 en la colonia de Argelia, oficialmente dividida hasta aquella fecha en departamentos administrativos de la República francesa. En el marco del histórico Hotel du Lac de Ginebra, se firmaron los Acuerdos de Évian que acabaron con las guerras coloniales de la Francia contemporánea en Indochina y el Magreb. Faltaba, sin embargo, por coronar la independencia de Argelia, para lo que se recurrió al referéndum que De Gaulle hizo celebrar en la metrópoli el 1 de julio de 1962. Fue así como Francia legitimó el desentendimiento de una colonia musulmana que había desangrado a la República. El SÍ metropolitano a la independencia de Argelia que reclamaba el Frente de Liberación Nacional (FLN) agravó los espasmos “retencionistas” de la población europea que, desde hacía ciento cincuenta años, se fue estableciendo en la colonia norteafricana. Eran los pieds-noirs, con su organización secreta militar (OAS), a título de punta de lanza. Éstos fueron los “expulsos” de aquella hora patética para el Mediterráneo de los desencuentros cíclicos, junto a los cerca de cien mil harkis o tropas de complemento indígenas que apostaron -como lo hicieron los pieds-noirs- por una Argelia francesa hasta última hora.

Al final del verano del año 1962, el coronel Boumedian, que dirigió la resistencia armada de los argelinos a la presencia francesa en el Magreb central, entró en Argel a la cabeza de L´Armée Nationale Populaire, jaleada por el fervor de un pueblo en lucha feroz contra los invasores europeos de 1830.

Ahora bien, el recordatorio que se acaba de hacer aquí lleva a la cuestión en alza en los medios y redes sociales de hoy en día: ¿debe recordarse, evocarse, el paréntesis bélico que se protagonizó hace cincuenta años en el seno del Mediterráneo occidental?. ¿Servirá de algo ejercitar la guerra “memorialista”, tan en boga en los anales europeos?. Esta cuestión no es retórica ni tampoco ociosa. El gobierno de Argel, las wilayas de la República, las asociaciones de antiguos combatientes -guerrilleros moudjahidines, muy en particular-, los herederos y albaceas encargados de conservar archivística, editorial y oralmente, la Memoria de la Guerra, ya están en órbita publicística, aunque, eso sí, con cierto sofreno que puede explicarse por la crisis soterrada que anida en la sociedad argelina durante el fin de reinado Bouteflika. A la altura de este momento, Francia está involucrada, de hoz y coz, en una campaña electoral por la Presidencia de la República, un poco más, o un poco menos, apasionada de lo que suelen ser algunas operaciones institucionales de la Quinta República. Ésta, como puede observarse, está deslizándose de puntillas por el registro de la Memoria consagrada al Cincuentenario de aquella Guerra en el Magreb. Bien pensado, es explicable la constatación de que, mientras en Argel se realce la ocasión, se desdibujen en París, por el contrario, los contornos y el trasfondo de un conflicto de legitimidades históricas en pugna: la nacionalista musulmana y la colonial europea. Ante ello, la pregunta es: ¿habrá alguien de juicio sensato, históricamente embebido, que no entienda la razón sentimental que subyacía en cada una de las posiciones de partida encontradas en 1954, ahora que se cumple medio siglo de la firma de los Acuerdos de Évian y del ulterior referéndum metropolitano que abrieron la puerta al reino de la libertad en Argelia?

No podemos dejar de entender, tampoco, a aquellos que sangran todavía -en ambas orillas del Mediterráneo- por algunas heridas mal cicatrizadas, como le sucede a los hijos de los pieds-noirs, y de los harkis argelinos que vivieron el éxodo de 1961-1962, cuyos descendientes también son ciudadanos de la República tricolor, por no mencionar a todos los que defendieron contra viento y marea las convicciones que tanto guiaron su apuesta existencial, y cómo pensaron el futuro de sus civilizaciones respectivas.

Qué se nos permita una vez más recordar, aquí y ahora, el relato testimonial de Albert Camus que lleva por título Le Premier Homme. En sus páginas está comprimido un drama en ocho actos (1954-1962) que se llamó la Guerra de Argelia. Se trata de un testimonio que hay que leer. Y cuanto antes, mejor.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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