www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

RESEÑA

Juan Villoro: Arrecife

domingo 15 de abril de 2012, 15:19h
Juan Villoro: Arrecife. Anagrama. Barcelona, 2012. 240 páginas. 17,90 €

En el Templo de Kukulcán, también conocido como la Pirámide de Kukulcán, los mayas rendían tributo a esa divinidad, versión que el pueblo maya da a Quetzalcoatl, la “serpiente emplumada”, el dios más poderoso de las culturas precolombinas, que tanto interesó a D. H. Lawrence, autor de una novela, cuyo título, como se recordara, es La serpiente emplumada. Precisamente en ese enclave mítico y ancestral del Caribe, sitúa el autor, en nuestros días, La Pirámide, que es, en Arrecife, última novela del escritor mexicano Juan Villoro, un extraño y singular complejo turístico en el que es posible disfrutar de los placeres del riesgo y del miedo: los huéspedes de La Pirámide pueden así, por ejemplo, entre otras opciones terribles, ser secuestrados por la guerrilla, un entretenimiento sin duda perverso. Pero esos peligros están perfectamente controlados y planificados por Mario Müller, inventor de tan curioso resort, que cosecha un enorme éxito, y ha supuesto una revitalizadora inyección al decaído negocio turístico de la zona: “En todos los periódicos del mundo –dice Müller- hay malas noticias sobre México: cuerpos mutilados, rostros rociados de ácido, cabezas sueltas. Eso provoca pánico. Lo raro es que en lugares tranquilos hay gente que quiere sentir eso. Están cansados de una vida sin sorpresas. Si sienten miedo eso significa que están vivos: quieren descansar sintiendo miedo. El tercer mundo existe para salvar del aburrimiento a los europeos. Aquí me tienes, dedicado a la paranoia recreativa”. ¿Quizá es que ya no les es suficiente con ser espectadores del dolor ajeno, como señaló Susan Sontag?

Esta declaración de principios es la que Müller le confiesa a su amigo Tony Góngora, a quien ha contratado para trabajar en La Pirámide, y que es el narrador, en primera persona, de la historia desarrollada en la novela. Müller y Góngora se conocían desde hacía muchos años, pues ambos formaron parte de un grupo de rock, Los Extraditables, guiño a la afición de Villoro por este tipo de música, desde los tiempos en que, entre 1977 y 1981, dirigió el programa radiofónico El lado oscuro de la luna. En esa época, Müller y Góngora trabaron una fuerte amistad, trufada de rock y drogas, y no exenta de aristas y desencuentros. Ahora, con Müller herido de muerte por una enfermedad incurable, y pidiendo a su amigo un favor muy especial –convertirse en el padre de su hija, recogida en un albergue-, quieren recuperar esa amistad en este paraíso turístico de daños elegidos y riesgos controlados. Controlados hasta que aparece muerto en extrañas circunstancias Ginger Oldenville, buzo del resort. Todo apunta a un asesinato, complicándose poco después la situación con una segunda muerte: la del también buzo y empleado del hotel Roger Bacon.

No es básicamente Arrecife, sin embargo, un thriller policiaco, aunque la investigación de los crímenes resulte importante en la trama, donde, en su trasfondo, bulle uno de los más graves y perentorios desafíos a los que hoy se enfrenta México y Latinoamérica en general: el narcotráfico y la desatada violencia que genera. Lo más fascinante de la última novela de Villoro son los interrogantes morales que plantea en esta intensa historia de amistad, culpa, redención y posibilidad de segundas oportunidades, así como la creación de sólidos personajes, con los protagonistas Mario Müller y Tony Góngora a la cabeza, rodeados de otros, si bien secundarios, no por ello menos trabajados, como “El Gringo” o el inspector Ríos, que combina su labor en la Policía con la de predicador evangélico: “El Caribe es buen sitio para oficiar”, le dirá a Góngora.

La Pirámide, en la que reina Müller –“podía ser un Dios ordenado y caprichoso, dueño del control y del miedo”, apunta Tony Góngora- se convierte en una lograda y más que sugerente metáfora de un presente complejo, quizá no tan alejado del ayer: “Los mayas sabían que sus dioses –imperfectos, caprichosos, irregulares- no se conformaban fácilmente con una ofrenda. Hubiera sido lógico que aceptaran los despojos sociales, el excedente que ya no servía. Pero las deidades no eran lógicas”. Ancestros y presente se dan aquí la mano.

Con Arrecife, Juan Villoro, fiel testigo de la vida latinoamericana a través de sus célebres crónicas periodísticas, y autor, entre otros títulos, de El testigo –Premio Herralde de Novela 2004- y de los ensayos Efectos personales y De eso se trata, y de quien acaba también de publicarse la novela gráfica La calavera de cristal (Sexto Piso), y de reeditarse la colección de cuentos La casa pierde (Alfaguara), ofrece a los lectores una nueva muestra de una de las mejores trayectorias de la actual literatura escrita en español, que tomada en su conjunto –y no fraccionada en espacios nacionales- se configura a comienzos del siglo XXI como una de las literaturas más creativas y de mayor futuro a escala global.


Por Rafael Fuentes
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.