Del rey abajo, ninguno... Y arriba, tampoco
martes 17 de abril de 2012, 21:17h
Dice la sabiduría popular que “a perro flaco, todo son pulgas”. Las malas noticias se encadenan y a la crisis económica, con sus consabidos gubernamentales recortes, se han añadido estas semanas noticias que en otros momentos quizá se hubiesen valorado de otra manera, pero que a día de hoy entran como elementos de un paisaje que muestra al fondo un horizonte incierto.
Ayer la señora Fernández, viuda de Kirchner, y heredera del peronismo, escenificó, con Evita detrás, la expropiación de YPF (Repsol). Es una cuestión demasiado delicada como para simplificarla en los discursos altisonantes de retórica nacionalista y populista que se están produciendo en ambas orillas del Atlántico. La medida adoptaba por el Gobierno argentino deteriora profundamente la imagen de la Argentina en el exterior, porque es muy negativo que un país no garantice la seguridad jurídica de las inversiones nacionales y extranjeras, sobre todo en un mundo globalizado. Si la señora de Kirchner piensa que hoy es viable un modelo autárquico, se equivoca totalmente, sobre todo en sectores que necesitan una inversión enorme en infraestructuras y avanzadas tecnologías. Convendría, no obstante, estudiar la parte de razón que pueda tener el Gobierno argentino, pero, desde luego, los modos no parecen los más convenientes para garantizar que la explotación de los productos naturales generados durante milenios se pueda hacer de forma que los beneficios no vayan sólo a las arcas de unos cuantos accionistas sino también a los pueblos asentados sobre los territorios que disponen de esos yacimientos. El modelo Venezolano debería servir más bien de contramodelo.
Mas no es ésta la cuestión que aquí me interesa, sino señalar lo que representa el decreto aprobado por el Gobierno argentino para una ya deteriorada imagen de España, como país, es decir, como sociedad (política, economía, cultura), en el extranjero. Es posible que el Gobierno de Fernández no se hubiese atrevido a tomar una decisión de tal calibre si el español no flaquease ante tanto flanco abierto. Este Gobierno lleva tres meses, por lo que es evidente que el deterioro de la imagen de España no puede caer sólo sobre sus hombros, pero, como he dicho ya en alguna ocasión, la herencia gubernamental no se puede recibir a beneficio de inventario y hay que aceptarla como es. Se ha hablado mucho de trabajar por la “marca España”. Además de que es conveniente no presentar la cuestión sólo en términos económicos, sino políticos y culturales, se hace necesario que de las palabras se pase a los hechos con planes bien pensados y estructurados que vayan más allá de políticas vistosas, tan puntuales como efímeras.
Por si la situación económica y social no fuera suficientemente grave en nuestro país como para que los problemas políticos (de la polis) requiriesen la máxima concentración de nuestros gobernantes, dos desgraciados accidentes de miembros de la Casa Real han abierto la veda –si me permiten la broma a pesar de ser un tema tan serio– contra la jefatura del Estado. No hace falta recordar los hechos, están en boca de todos y circulan ya decenas de ingeniosos chistes y chismes. En otro momento, el tan traído y llevado viaje del rey, quizá hubiese pasado desapercibido o no hubiese superado la condición de suelto en alguna esquina de algún periódico o en el comentario despechado de algún columnista republicano, especialmente entre esa cohorte que hace un tiempo predicaban, y alguno predica todavía, en la COPE. Pero los hechos se han producido cuando otros, también de sobra conocidos, habían puesto en cuestión la honorabilidad de algunas personas de la regia familia. Hoy mismo, un periódico, publica correos electrónicos en los que el nombre del rey sale vinculado a algunos negocios que están siendo investigados por la justicia. El momento elegido no parece que sea casual.
Sería preocupante que los políticos no supiesen encauzar el debate que ya se ha abierto y no fuesen capaces de poner en el contrapeso de la balanza los muchos méritos que Don Juan Carlos ha ganado en la historia reciente de nuestro país, como elemento vertebrador y conciliador de posiciones encontradas y como árbitro en momentos cruciales y de gran riesgo para nuestra democracia, así como su capacidad de representar y defender los intereses españoles más allá de nuestras fronteras.
Muchos, con razón, pueden pensar que el tan traído y llevado viaje regio, hubiese sido más productivo, y quizá menos arriesgado para su salud y edad, si hubiese sido a Argentina, como hace pocos días fue a Kuwait. No quisiera entrar en los entresijos de la vida privada de nadie, aunque como ciudadano me preocupa la transparencia del uso de los dineros públicos, pero sí me permito hacer una reflexión en voz alta: todo el mundo conoce ese dicho machista sobre la mujer del César, de la que se dice que debe no sólo ser decente sino parecerlo, pues con más razón, el César. Si la Monarquía quiere seguir representando la función que la Constitución le asigna, es necesario un estilo de vida que muestre una mayor sensibilidad por las dificultades que muchos ciudadanos están sufriendo. El rey puede ser constitucionalmente irresponsable, pero no está por encima de la soberanía. De ahí que, jugando con el título de Francisco de Rojas Zorrilla, podamos decir que “Del rey abajo, ninguno... Y arriba, tampoco”, recordando algunos versos:
Rey: Cubríos, Mendo. ¿Qué hacéis? // Que quiero en la soledad // deponer la majestad.
Don Mendo: Mucho, Alfonso, recogéis // vuestros rayos, satisfecho // que sois por fe venerado, // tanto, que os habéis quitado // la roja banda del pecho // para encubriros y dar // aliento nuevo a mis bríos.
Rey: No nos conozcan; cubríos, // que importa disimular.
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Profesor de Historia del Pensamiento Político
JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.
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