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El gallo Sarkozy

domingo 22 de abril de 2012, 19:48h
La referencia a España del Candidato-Presidente Sarkozy ha levantado una oleada de protestas en nuestro país. A pesar de las apariencias, este cacareo, más que fuerza, muestra una gran debilidad. El hiperactivo líder francés comenzó su campaña invitando a la Canciller Merkel a Paris, pero el tiro le salió por la culata. La comparación le empequeñeció. Su imagen de portavoz adjunto de las decisiones alemanas le llevó a cambiar de táctica. No se hace fuerte en el tema económico porque no tiene mensaje propio que proponer, tras perder la triple AAA. Para sentirse grande, se vuelve hacia aquellos cuya situación considera peor que la suya.

No es sorprendente esta desenvoltura, rayana en la desfachatez. En su primer mandato, el Presidente Sarkozy ha refundado el capitalismo, la Unión Europea y la Unión por el Mediterráneo, mar que no ha descubierto porque ya estaba ahí. Se abroncó con el británico Cameron y regañó a los nuevos miembros en la negociación del Pacto fiscal, proponiendo medidas sobre la constitucionalización del freno a la deuda, la austeridad o las pensiones que no aplica en su país o las deja para después de las elecciones. Inició su campaña electoral proponiendo acabar con Schengen para cerrar la puerta a los inmigrantes, puerta que cruzó su padre entrar en Francia, y ha continuado con una batería de mensajes altisonantes y una cruzada por la seguridad.

Esta campaña presidencial francesa es expresiva del cambio de la escena europea. Yendo más allá de la anécdota, se considera normal que una Canciller alemana vaya a hacer campaña al país vecino o que los correligionarios de un candidato le apoyen. La alegría con que los portavoces de guardia del PP español apoyaron al candidato Sarkozy en su crítica a España es criticable por su estulticia pero a la vez es expresiva de la importancia de los lazos de familia política.

Tras la Unión Monetaria, empezamos a comprender que la ciudadanía europea incluida con la moneda en el Tratado de Maastricht no es un brindis retórico. Bien los saben los griegos, que se encontraron con un veto al referéndum que planteaba el Gobierno Papandreu por parte de Francia y Alemania. También los eslovacos, que tuvieron que celebrar elecciones para solventar la crisis producida por su contribución al fondo de rescate. Los finlandeses se resisten a pagar por el rescate portugués. El profesoral Monti considera que va mejor porque parece que España va peor.

La única voz europea que se escucha con un respeto mezclado de temor reverencial es la del Presidente del BCE, Mario Draghi. Su Institución, basada en un federalismo puro, es seguramente la que está haciendo más política europea los últimos años. Ahora bien, debe ajustarse a su mandato y evitar la tentación de la omnipotencia. De momento, ha hecho un apaño hábil para salir del apuro, pero sigue faltando un respaldo solidario y disuasorio al €. Decir a un país que debe hacer más reformas se ha convertido en una muletilla vacía a no ser que se trate de la infalible purga de Benito. Todo con el argumento de satisfacer a un dios anónimo e insaciable, los mercados.

No es de extrañar que con este tipo de mensajes en la escena pública, la desafección y la insolidaridad estén creciendo a un ritmo galopante. La gran cuestión que se plantea a la Unión Europa es ser consecuentes con las decisiones acordadas y fortalecer la casa a medio construir en que vivimos.

En este sentido, la campaña francesa es importante para todos los europeos, por el papel central de Francia en la construcción europea, para lo mejor y lo peor. Es una realidad “incontournable”, es decir que no se puede salvar con un rodeo.
El debate entre el federalismo de Monnet y la grandeur nacionalista de De Gaulle sigue abierto. La opción de Sarkozy es muy clara a favor de una Europa de Naciones gobernada a ser posible por un diunvirato, la escena del paseo de la playa de Deauville que tan cara nos ha salido. Esa opción no es ya posible; la misma Canciller Merkel se ha dado cuenta y ahora defiende públicamente no solo el Euro sino que además propugna más federalismo.

Por eso, sería de agradecer que en vez de pensar en la salvación tirando a otros por la borda, el hiperactivo candidato francés contrastara sus ideas con las propuestas de Hollande de renegociar el pacto fiscal de la austeridad infinita con una política de crecimiento con visión de futuro para alcanzar solidariamente los objetivos comunes de la Estrategia 2020. Con instrumentos de solidaridad real como el impuesto sobre las transacciones financieras ( que defiende) y la mutualización de la deuda. Francia sería la primera beneficiada con los eurobonos. Con ello haría honor a la divisa “liberté, égalité, fraternité “ y devolvería a Francia un papel central en Europa comprensible para el mundo.

Enrique Barón

Doctor en Derecho y Economía

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