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Lo de Francia

Javier Rupérez
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jruperezelimparciales/9/1/9/21
jueves 26 de abril de 2012, 21:34h
Sarkozy puede darse con un canto en los dientes: si no fuera por la camarera africana de un hotel neoyorkino ese macho prostibulario y
desbocado que responde al nombre de Domnique Strauss Kahn hoy estaría situado a varios puntos de ventaja sobre el todavía Presidente de la
República Francesa cara a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Y con todo, el insignificante Hollande, caballo de repuesto para una carrera que los socialistas daban ampliamente por ganada, ha logrado mantener, aunque sea por el mínimo punto porcentual, la ventaja sobre un Sarkozy en evidente pérdida de velocidad. El quinquenato del marido de Carla Bruni, marcado por las inconsecuencias, las frivolidades y las promesas incumplidas –aunque todo el mundo sabe que las promesas políticas están para eso, para no ser cumplidas- ha puesto al candidato de la derecha francesa en una complicada tesitura: le de tener que buscar los votos de la extrema derecha lepenista para mantenerse en el Elíseo. Y procurar además que los que han favorecido al centrista François Bayrou, el bienintencionado resto de la democracia cristiana francesa -todavía los ecos de Schumann- decidan también otorgarle su confianza. Con el único argumento de que todo vale, incluso un segundo Sarkozy, con tal de evitar que ganen las elecciones los socialistas -que, ellos si, contarán sin duda con los votos comunistas y de la extrema izquierda con el mismo argumento en sentido contrario: cualquier cosa sirve para evitar que “Sarko” siga en el poder-.

Que la señora Le Pen tenga la llave de la presidencia de la República Francesa es cosa de mucha admiración, sobre todo teniendo en cuenta
que en 2002 conservadores bajo Chirac y socialistas bajo Jospin decidieron unir sus fuerzas en la segunda vuelta de las presidenciales
para oponerse a la candidatura de Le Pen padre, que había superado a los socialistas y se había situado para como candidato para disputar
la ronda final. Signo ya entonces suficiente para comprender que la extrema derecha en Francia había dejado de ser un elemento marginal y
anómalo de la tarta política francesa. Entonces y ahora los analistas se esfuerzan en describir las razones de una “malaise” que potencia
opciones partidistas lejanas de las esencias republicanas, e insisten en la inseguridad económica y en las invasiones migratorias como causa
principal de la desafección y de sus resultados. Pero si Le Pen senior con un 16% de los votos conseguía un puesto para el “ballotage” cuando
su marca estaba todavía proscrita para los puristas del sistema, LePen junior, con el 18% y sin los estigmas del progenitor -bien se ha
ocupado la señora de borrar los aspectos mas chirriantes del programa- aunque no llegue a disputar directamente la presidencia, tiene hoy un
poder decisorio que hipoteca por igual a derechas y a izquierdas. Ni Sarkozy puede mantenerse en el Eliseo ni Hollande llegar a él sin el
apoyo de las aguerridas huestes de Dona Marine. Paradojas de lahistoria.

Lo preocupante es que para conseguirlo uno y otro tendrán que exasperar los peores argumentos que Francia y Europa podrían recibir
en la grave tesitura por la que atravesamos: la deriva anti europeísta y la irresponsabilidad fiscal. Seguramente salpicados por los tonos
cuasi xenófobos sobre los que construyó su plataforma el lepenismo y que ahora encuentran eco en la promesa de reconsiderar los acuerdos de
Schengen si Sarkozy repite presidencia. Complicado dilema que, gane quien gane, no augura nada bueno para el progreso en prosperidad y
razón de la Union Europea.

Los augures pronostican la derrota presidencial cuando la verdad es que cualquiera de las dos alternativas es posible: que el hartazgo
anti Sarkozy se convierta en motivo fundamental de los electores o que estos por el contrario opten por lo malo conocido y no por la
incógnita de lo ignoto. ¡Si al menos Sarkozy pudiera garantizar que en un segundo mandato aprendería a sentar la cabeza! ¡Y si Hollande
supiera ofrecer pruebas de que ha llegado a comprender el funcionamiento del sistema de mercado y las ventajas de la austeridad!
A lo mejor ambas cosas equivalen al castizo “pedir peras al olmo”. Que en francés se traduce por “la pagaille”. En cristiano, el follón. ¿Era
esta la tierra de Descartes?

Javier Rupérez

Embajador de España

JAVIER RUPÉREZ es académico correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

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