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¿Estará Europa a la altura?

Javier Zamora Bonilla
martes 01 de mayo de 2012, 17:46h
Es espeluznante comprobar la velocidad con que se producen los movimientos especuladores de capital que juegan en décimas de segundos al alza --y, lo que es más sorprendente para los que como yo somos analfabetos en estas cuestiones, también a la baja-- de cualquier producto financiero, incluidas las deudas nacionales, desde cualquier lugar del mundo, y el ritmo tardígrado de los gobiernos y muy especialmente de la Unión Europea. El Consejo, la Comisión, el Eurogrupo y el Banco Central Europeo han demorado, a veces sine die, la toma de decisiones que podrían haber paliado la situación a que han llegado muchos países y podrían haber puesto cierto coto a la especulación financiera, pero, por el contrario, han contribuido a la misma con políticas que han acentuado la intermediación de la banca en la financiación del endeudamiento de los estados miembros en lugar de recurrir a una financiación directa desde el BCE.

La canciller alemana Angela Merkel parece, por fin, haber roto con su creencia de que Alemania se salvará por sí misma, por su fe, como muestra su éxito --más que relativo, no obstante--, reflejo de la predestinación, si me permiten expresarme en estos términos teológicos tan comunes a la hija del pastor luterano, la cual, hace sólo unos meses, se refirió a los países que más están sufriendo la crisis con el calificativo de “pecadores”. Merkel parece haber comprendido, por lo menos parcialmente, que el crecimiento económico alemán puede resentirse dado que gran parte de su mercado depende de estos países “pecadores”, que no han controlado bien sus finanzas públicas y por eso ahora purgan sus desvaríos. A Merkel parece que le ha hecho reaccionar que uno de estos países, el que por ahora mejor se ha resistido a la crisis entre los mediterráneos, quizá por su gran influencia atlántica (si me permiten la broma geográfica contra el esencialismo de los caracteres de los pueblos), Francia, parezca apostar por un presidente socialdemócrata, como François Hollande, que hasta hace unos años se presentaba como un melifluo centrista a quien su todavía entonces esposa, Ségolène Royal, superaba por la izquierda.

Hay que reconocer que Alemania ha afrontado la crisis económica mucho mejor que otros países europeos, porque partía de bases más sólidas (por ejemplo, no había permitido desarrollarse una burbuja inmobiliaria al nivel de España o Gran Bretaña y tenía una industria más desarrollada y potente), y adoptó políticas de austeridad y control del déficit público y puso los fundamentos de una economía basada en la investigación y el desarrollo como palancas del motor económico frente al industrialismo intensivo de los nuevos países desarrollados con los que resulta imposible competir por medio de costes laborales.

Merkel, que todavía se resiste a la aprobación de los eurobonos, que permitirían financiarse a precios razonables a toda la eurozona, parece que ha aceptado ya que las necesarias políticas de austeridad para el control del gasto público tienen que venir acompañadas de incentivos económicos, promovidos desde el sector público, aunque no necesariamente financiados totalmente por él, y ha dado el visto bueno a un plan de inversión en infraestructuras, nuevas tecnologías y energías limpias, que implementaría, como dicen ahora, el Banco Europeo de Inversiones a través de Project Bonds, bonos que facilitarían financiar la inversión privada en estos proyectos. La cifra que se maneja es ciertamente ridícula si de verdad se quiere no sólo poner los pilares para superar la crisis sino también los fundamentos de un nuevo modelo económico, que permita a Europa competir con las otras zonas pujantes del mundo.

Este plan de inversión debería ir acompañado de un plan de empleo juvenil a nivel europeo. No sólo España tiene un gravísimo problema de paro entre los jóvenes, sino que es éste un tema común a otros muchos países por la dicotomía del mercado laboral, entre los viejos empleados que disfrutan de garantías sociales y altos salarios y los que se incorporan al mundo de la empresa en condiciones precarias a pesar de su, en muchos casos, magnífica formación. La Unión Europea debería aprovechar el potencial de las nuevas generaciones que saben idiomas, que conocen y aprenden rápidamente las nuevas tecnologías, que tienen una mente abierta y que están dispuestos a cambiar de ciudad y de país para emprender un proyecto de futuro.

Javier Zamora Bonilla

Profesor de Historia del Pensamiento Político

JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.

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