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Crónica económica

Bankia, entre el banco malo y “el pescadero”

martes 08 de mayo de 2012, 21:18h
La técnica política, lo hemos dicho en estas crónicas varias veces, consiste en gran medida en ponerle nombres a las cosas. Hay nombres con una capacidad propia del rey Midas. Convierten en oro todo lo que tocan. Es el caso de “democrático” o “social”. Otras palabras están expulsadas del ámbito político. Y aún otras están condenadas a tener un ciclo muy corto. Es el caso de la expresión “banco malo”. ¿Quién querría apostar por algo que se llame así. De modo que el ministro de Economía prefiere llamarlo “sociedad inmobiliaria”.

¿Qué es un “banco malo”? La expresión, es cierto, resulta desafortunada. No es un banco malo. Es un cubo de basura financiero. Una expresión que, aunque precisa, tiene aún menos futuro que “banco malo”. Porque consiste precisamente en eso, en separar el grano de la paja, dicho sea con términos más amables, dejarles a los bancos todo el grano, y que el Estado, es decir, los ciudadanos, asumamos la paja.

No se trata de que los 10.000 millones de euros en que se ha cifrado la ayuda a Bankia sean los mismos 10.000 millones que se recortan en Sanidad y Educación, como muchos se han apresurado a decir. Los primeros 10.000 millones se cubren, en principio, con deuda pública, no son gasto corriente, como Sanidad y Educación. Esa deuda luego se repercute sobre Bankia, que deberá devolver lo prestado, más un interés “de mercado”. Parece un juego de manos, pero ha cambiado algo. Aunque mantenga la deuda por el valor de las ayudas recibidas por el Estado, Bankia pasará a ser una sociedad limpia de polvo... y paja, la paja que ha ido a parar al banco malo. A partir de ahí, le será más fácil ganarse la confianza de los mercados internacionales, financiarse fuera a tipos asumibles, y volver a prestar a la economía privada, la economía real, que está ahogada por la falta de crédito.

La “sociedad inmobiliaria” hará la labor que no ha hecho Bankia (y que no han hecho otras entidades), de reconocer el valor real de los préstamos malos, o de la cartera inmobiliaria que acumula por la ejecución hipotecaria. El precio de la vivienda, que ha caído un 18,5 por ciento desde el primer trimestre de 2007 según el índice elaborado por el Ministerio de Fomento, caerá aún más. En Japón el precio de la vivienda llegó a caer, de media, un 60 por ciento. Nosotros veremos caídas parecidas, aunque es posible que no tan pronunciadas.

Claro está que este “banco malo”, esta “sociedad inmobiliaria” o este “cubo de basura financiero” no tiene porqué limitarse a apoyar a Bankia. Pero también es cierto que no es el único as que puede sacar el Gobierno de la manga.

Uno de ellos es la opción del “pescadero”. Es decir, una vez limpiado el género, separar los lomos para su venta en el mercado. Santander, BBVA, La Caixa, algún banco extranjero, como HSBC... los pretendientes podrían ser varios.

Pero esta solución es difícil de alcanzar. Por un lado, ¿querrán la nueva dirección o los accionistas de Bankia una solución así? Bien, eso depende de lo que ofrezcan los compradores. Pero el propio gobierno podría ver inconveniente deshacerse de un importante actor para engordar otros, por lo que significaría de pérdida de rivalidad en un mercado competitivo.
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