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Crónica económica

Austeridad, en Europa, significa aumento del gasto

lunes 14 de mayo de 2012, 20:48h
Las cosas, en política, no son lo que parecen. En eso consiste la política, en esconder lo que ocurre o, si no se puede tapar, en revestirlo con otras ropas para que dé otra apariencia. Es lo que ocurre con la austeridad en nuestro continente.
Hagamos un poco de memoria. La economía crecía a buen ritmo durante los primeros años del siglo XXI, gracias a que el sistema crediticio, orquestado por el Banco Central Europeo (en coordinación con la Reserva Federal), insuflaba oleadas de crédito sobre el sistema productivo. Esta actividad arrojaba grandes cantidades de dinero sobre las arcas públicas, tan irreales como los fabulosos planes para construir viviendas que se acumulaban en los planes de ordenación urbana.

Pero estalló la crisis y todos han tenido que ajustarse. Los bancos a su verdadera situación financiera. Las empresas a la verdadera demanda. Las familias a su verdadera capacidad de generar ingresos con trabajo. Y el Estado, finalmente, a su verdadera capacidad de gastar. A esto último se le llama “política de austeridad”.

Esta “política de austeridad” no sería la primera respuesta a la crisis, sino la segunda. La primera fue la apuesta por los estímulos fiscales. Es decir, gastar como si no hubiese futuro, pensando en que ese gasto reavivaría el crecimiento y de nuevo todo volvería a la normalidad. Cuando ese camino se dio de bruces con la realidad (es decir, muy pronto), habríamos apostado por la austeridad. Finalmente, se dice, la austeridad tampoco ha acabado de funcionar y, como un boxeador sonado, volvemos sobre nuestros pasos, yendo adelante y atrás, sin un rumbo claro, en la confianza de que al final nos irá bien porque nos llamamos Europa y nos lo merecemos.

Pero hay algo que falla en ese relato. Lo que falla es que es falso de toda falsedad. Veronique de Rugy, una gran hacendista francesa que ha trabajado para distintos think tanks y que en la actualidad trabaja para Mercatus Center, ha hecho algo muy sencillo: Ha recogido y ordenado en un informe los datos de gasto público de varios países europeos, y los ha llevado a un gráfico. ¿Cuál es el resultado?

Antes de mostrarlo, hay que decir que dato que están todos realizados con la misma metodología, porque son datos de Eurostat, son perfectamente comparables.

Francia, que en 2002 gastaba 816.000 millones de euros, en el año 2008 (ajustando los datos por paridad del poder de compra) se gastaba 1,03 billones de euros; es decir: ha aumentado los gastos un 26,22 por ciento. Estos son los datos de Italia: 2002-613.000 millones, 2008-766.000 millones; un aumento del 24,96 por ciento. España: 2001-284.000 millones, 2008-451.000 millones; un aumento del 58,80 por ciento. Espectacular. Pero sigamos: Grecia: 2002-70.000 millones, 2008-118.000 millones; un aumento del 68,57 por ciento. E Irlanda, 2002-44.000 millones, 2008-77.000 millones, un aumento del 75 por ciento.

Cuando ha saltado la crisis, ¿cuánto ha sido el recorte que han realizado los diversos Estados? Vamos allá: Francia cerró 2011 gastando 1,119 billones de euros, un 8,64 por ciento más que en 2008. Italia, 788.000 millones, un 2,87 por ciento más que en 2008. España, 469.000 millones, un 3,99 por ciento más. Grecia, 108.000 millones, un 8,47 por ciento menos que en 2008. E Irlanda, 76.000 millones, un 1,30 por ciento menos que en 2008.

Es decir, que sólo los dos países intervenidos de los cinco considerados (que son los que tienen problemas, excepción hecha de Portugal, que no ha incluido), han reducido sus gastos. El resto, los ha aumentado en tres años (de 2008 a 2011) a ritmos considerables. Italia prácticamente mantiene en 2011 el nivel de gasto de dos años antes, y España, en estos dos últimos ejercicios, ha rebajado ligeramente el gasto.

Veronique de Rugy ha comentado estos datos en un reciente artículo. En él muestra que la austeridad, en Francia, ha consistido en rebajar ligeramente el ritmo de crecimiento del gasto. En Europa, según otro informe citado por de Rugy, “ha aumentado los impuestos en nueve dólares por cada dólar recortado en el gasto”. En realidad, lo que han hecho países como Italia o España es que han compensado con gasto discrecional el aumento en el gasto comprometido, y han consignado al aumento de los impuestos el peso del ajuste fiscal. Bien, pues esa política, que es la que hemos llevado a cabo, es la que ha fracasado. Esa, y no la verdadera austeridad.

Ha fracasado porque tenía que fracasar. De Rugy cita un informe de 2009, elaborado por Alberto Alesina y Silvia Ardagna, que ha controlado los esfuerzos de los países de la OCDE de 1970 a 2007 tanto por realizar estímulos fiscales como por ajustes fiscales. Su conclusión es clara: Los esfuerzos por realizar ajustes combinando aumentos de impuestos y reducciones de gasto profundizan la recesión y fracasan. Los esfuerzos que se centran en la reducción del gasto público no profundizan en la recesión, de hecho “son menos propensos a incurrir en recesión” y sí consiguen su objetivo.

Y por si todo ello no fuera suficientemente claro, Veronique de Rugy muestra el ejemplo, que se produce ante nuestros ojos, de tres países que no han seguido la estrategia de Rajoy y que, por el contrario, se han centrado sólo en rebajar el gasto. Es decir, en una verdadera política de austeridad: Letonia, Lituania y Estonia. ¿Es mera casualidad que estén fuera de las preocupaciones de Europa por la vuelta a la recesión?
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