Grecia
Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
jueves 17 de mayo de 2012, 21:30h
El presidente griego, Karolos Papoulias, ha convocado elecciones para el próximo 17 de junio. La fecha no es segura, pues hace falta saber cuándo se disolverá el parlamento elegido ¡el 6 de mayo! Desde luego es algo pintoresco, y lo pintoresco no se corresponde con un régimen democrático. ¿No habíamos convenido, desde Montesquieu, que la democracia descansaba en el principio de la “virtud”? Ese principio sigue siendo importante para nuestras democracias, y es esencial o básico para sus representantes públicos, sus partidos políticos y para sus Gobiernos. Disolver un parlamento, que lo único que hará será firmar su disolución, resulta pintoresco; pero lo peor será comprobar que Grecia ¿y toda Europa? carecen de virtudes democráticas.
La democracia es bastante más que votar. La virtud de Montesquieu saca las consecuencias de ese principio: actos políticos con responsabilidad. ¿Hay algo de eso hoy en Grecia? ¡Ojala me equivoque! Pero muchos europeos, como yo, preferiríamos jugarnos nuestro futuro a los dados, en vez de esperar los resultados de esas elecciones.
El malestar social y económico de Grecia llega hasta la angustia. La Europa Unida no ha sabido, con altura de miras, abordar a tiempo las dificultades financieras de ese país: su deuda, en 2009, era el 120 por ciento de su PIB: 298.032 millones de euros. Al fin y al cabo, ese problema afecta a un país de sólo 11, 3 millones de ciudadanos. Su economía es bastante débil. Una cuarta parte de su población activa se dedica a la agricultura; y ésta, tiene una baja productividad (minifundios sin mecanizar). La industria ocupa una quinta parte de su población activa; tampoco destaca en nada. Grecia ha sido un país de servicios: el turismo y el transporte marítimo; su flota mercante es de las mayores del mundo: el pabellón griego es de conveniencia, como Panamá, Liberia, Bermudas, Malta o Chipre.
Lo que ha ocurrido con Grecia pone de manifiesto que a Europa le sobra, por ahora, el adjetivo de “Unida”.
Sin duda, los griegos han falseado sus estadísticas, pero no en estos últimos tiempos, sino desde el comienzo de su integración en la Comunidad Económica Europea (ingresaron en 1981, antes que España). ¡Bruselas lo sabía o lo presentía! Pero eran los tiempos en que con dinero se resolvían los problemas, incluso los de no tener dinero. Después llegó la crisis financiera, y Grecia se encontró con que su economía no generaba ingresos fiscales. Su problema fue que era un país soberano (¡de eso están muy orgullosos los griegos!: es el país más patriótico de Europa, sobre todo si les citan a Turquía); pues si llegan a ser una región con dificultades económicas (dentro de alguno de los grandes Estados europeos), ahora no estarían al borde de la bancarrota. ¿O es que las regiones del Este de Alemania no han recibido cuantiosas subvenciones de la República Federal? Como la Unión Europea no tiene un mercado financiero unido, la deuda de Grecia se valora como Grecia, y no como deuda europea.
El asunto no es menor. Se entiende que los cumplidores no quieran hacerse cargo de las facturas de los malos pagadores. También es cierto que las deudas de los griegos, en parte, se deben por material de guerra comprado a los buenos pagadores (ahora acreedores), Francia y Alemania.
Mientras escribo este texto, leo noticias on line que anuncian que los griegos pueden entrar en pánico, retirando de los bancos sus ahorros y canjeándolos por títulos alemanes de la deuda. La catástrofe se acerca a buen paso a Grecia. ¡Escenas que observábamos en fotos de la Gran Crisis de 1929! Ante lo que pude pasar, ¿actuarán la UE, el Parlamento Europeo, sus Gobiernos y sus opiniones públicas de manera virtuosa?
Ahora bien, Grecia será intervenida económicamente más drásticamente; pero no será suficiente. Grecia debe asumir un cambio sustancial en su moral cívica, en la relación de su sociedad con su Estado. La Unión Europea, que ayuda a perfeccionar “las gobernanzas” en medio mundo, por interés, y por solidaridad, tiene que ayudar a Grecia para que entre en la modernidad de un país europeo.
¿Y eso?, preguntarán muchos. Los dineros del pasado impidieron valorar la historia de Grecia. No la historia clásica, reiterada en los discursos protocolarios habituales (ejemplo: los que se hicieron cuando las Olimpiadas de Atenas de 2004). Me refiero a la historia que pesa aún en Grecia. Haber estado más de 370 años (de 1453 a 1831) dentro del Imperio Otomano significa que los griegos no tuvieron ni Renacimiento, ni Ilustración, y esa ausencia, desde la perspectiva de las obligaciones sociales, se nota; pero desde el ángulo del Estado, esa carencia, puede explicar por qué los griegos necesiten más que los demás europeos el Estado, y que a su vez, lo respeten menos (especialmente con sus deberes como ciudadanos).
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Consejero de Estado-Historiador.
JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.
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