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Por la Monarquía

Manuel Ramírez Jiménez
viernes 18 de mayo de 2012, 21:01h
Recientes acontecimientos producidos en el seno de la Casa de S. M. el Rey han originado dos corrientes, de distinto alcance, en algunos sectores de la opinión pública. En primer lugar, algún tipo de unión entre Monarquía y democracia, en todos sus aspectos (origen, obligación de transferencia, etc.). Y, en segundo lugar, el planteamiento del tema de la abdicación o la renuncia del actual monarca. Vaya por delante que no voy a perder ni un párrafo con el segundo tema, a mi entender poco oportuno, por la sencilla razón de no echar la menor llama en una línea que pueda animar una polémica que estimo precipitada. Me quedo con lo primero.

Y lo primero es conjugar la legitimidad de la Monarquía con el principio democrático. O, de otra forma dicho, requerir la necesidad de que los reyes sean elegidos por votación popular, por sufragio universal. Antes de exponer mi radical oposición a tal pretensión, permítaseme, casi de soslayo, decir que durante nuestro último proceso constituyente se debatió ampliamente en el hemiciclo la discusión y votación sobre la forma máxima de Estado. Triunfó, como era previsible y con la escasa resistencia de algunos partidos menores, la opción a favor de la Monarquía. En realidad, se trataba de un debate con escaso interés: estaba claro su final. Las fuerzas más representativas tenían el tema bien claro. Los votos de Alianza Popular y de UCD estaban seguros a favor de la Monarquía. El PSOE tuvo que forzar una histórica tendencia hacia la República, creo que de matiz nostálgico, defendida en el Pleno por Gómez Llorente, con la posición final de apoyo a la Monarquía, por ser constitucional y parlamentaria, expuesta por Peces-Barba. Y con mayor alcance ideológico, incluso el Partido Comunista, a la sazón representado por Solé Tura, votó por la Monarquía. En palabras de Solé, el dilema no era, en aquel momento, la discusión entre Monarquía o República, sino el de democracia y autoritarismo. El Rey era la mejor garantía a favor de la democracia, tal como lo había anunciado y en parte protagonizado.

Pero es que, al margen de esta referencia (no se sometió a referéndum ninguna parte aislada de la Ley de Leyes), lo importante es que, en ninguna parte, la Monarquía tiene como principio de legitimación el sufragio universal. El principio legitimador de la Monarquía es el principio hereditario. Siempre funciona quien hereditariamente tiene derecho a ello, salvo casos de imposibilidad física. En nuestro país únicamente hay un caso de elección por las Cortes. La Monarquía de Amadeo de Saboya. Breve reinado. Resulta muy interesante repasar el escrito que Amadeo envía a las Cortes dimitiendo: le era imposible seguir en el cargo a causa de las actitudes de los partidos políticos. Algo que no conviene olvidar a la hora de reclamar una República. Al igual que tener presente el final de nuestras dos Repúblicas. La historia debe enseñar antes de lanzarse a empresas, por una razón u otra, llamadas al fracaso.

Manuel Ramírez Jiménez

Catedrático de Derecho Político

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