Crónica económica
El as en la manga de Europa: Inflación
domingo 20 de mayo de 2012, 21:57h
El G8, las potencias más ricas del mundo y Rusia, se ha reunido estos días en Washington con la crisis europea como la gran protagonista. La contradicción ha pesado en el argumento principal: apostar por la austeridad, pero gastando más dinero.
Se ha reunido el G8. Es el club de las 8 primeras economías del mundo. Hablan de economía y utilizan la primera persona del plural. Se representan a ellos mismos, pero eso es ya mucho. En un momento aspiramos a formar parte, pero entonces llegó Zapatero.
No es que los primeros años de José Luis Rodríguez Zapatero no fueran aparentemente brillantes. Aparentemente, al menos, ya que sabemos a estas alturas que entonces, y durante los últimos años de Aznar, surfeábamos sobre una ola que nos ha llevado, con toda su fuerza, sobre una orilla de rocas. No. Es que José María Aznar mostró públicamente su intención que desbancar a Canadá como cola de león, y Zapatero se mofó, profeta, de aquéllas pretensiones.
Lo cierto es que era, con Zapatero o sin él, con Aznar o sin él, una pretensión inútil. Somos sólo 45 millones de españoles. China arranca de la pobreza a decenas de millones de personas todos los lustros. India, que dentro de poco superará a China en población, también sabe cómo crecer. Brasil lleva décadas sin hacer caso a las pócimas envenenadas de la Cepal (aunque tuviese un presidente cepalí, como Fernando Henrique Cardoso), e integrándose en el mundo; en el capitalismo, vaya. Ninguno de los tres está en el G8, pero lo estará, con más títulos que España. Y para grandes y ricas potencias que pasarán a un segundo orden, ya tienen a Francia. Es más, para eso ya tienen a Rusia, que nos supera levemente en producción anual.
Ahora ha tenido lugar la reunión número 38. El anfitrión es Barack Obama. Recibía a los líderes mundiales en Camp David. Obama tiene un mensaje que transmitir. Obama, en definitiva, siempre tiene un mensaje que transmitir. El suyo, ahora, es: Europa debe crecer. Vamos, Europa debe apostar por el crecimiento. Él puede dar ejemplo. No en crecimiento, quizás, pero sí en “políticas de crecimiento”, así llamadas, y que es como los políticos han llamado a los estímulos fiscales y a los monetarios.
Por lo que se refiere a los estímulos fiscales, Obama está disparando el gasto, tanto en rescates, como en programas de gasto comprometido (como es su reforma sanitaria), como en puros programas de estímulo económico, con el profundo y sutil pensamiento económico: “desparramo dólares por sectores económicos, a ver si con eso mejoran”.
Por lo que se refiere al estímulo monetario, tiene incluso acrónimo, como todo en los Estados Unidos. Aunque es un breve QE: Quantitative Easing. Hubo un QE1. Luego hubo un QE2. Y ahora se están planteando un QE3. Es un negocio redondo. Dado que el dólar es la moneda de reserva del mundo, EEUU puede dedicarse a entregar papelitos y, a cambio recibir bienes. Sí, el mundo está literalmente inundado de dólares. La cantidad de ellos es innúmera, inconmensurable, apabullante, incontable. Pero los que tienen los dólares no se los devuelven al país de origen. Los mantienen en sus balances. Por un lado, porque no hay alternativa. Por otro porque a los propios dueños de esos dólares (pensemos en el caso de China), no les interesa que el valor de los mismos se desplome.
EEUU no tiene inflación, por todo lo que estamos diciendo. Y puede hacerlo. Europa va por ese camino. Ya se oyen voces, cada vez más insistentes, que hablan de que el BCE debe abandonar sus objetivos de inflación. Ya saben, el límite máximo que puede permitirse la institución, fijado en el 2 por ciento, y que se viola habitualmente. Pero tiene un cierto anclaje en el 2 por ciento. Si se rompe esa barrera, si el BCE sigue ese camino y, no sé, coloca a un italiano al frente para calentar la moneda con el sol de mediodía, ocurrirá lo siguiente: Se logrará el objetivo de que perdamos calidad de vida, pero no por el ajuste real, sino por el financiero. ¿No estábamos en contra de la economía financiera y a favor de la real? No.
La inflación es un impuesto sobre el dinero, un impuesto no consensuado y más sutil y destructivo que cualquier otro, como ya dijo Juan de Mariana. Y el euro se desplomará, porque ni es, ni pretende ser, ni podría ser, una moneda de reserva. El gran proyecto europeo finalmente se vendrá abajo y Alemania tendrá que salirse del euro para salvar su moneda. Alemania recuerda, hoy, la gran inflación de los años 20’, que como dijo Stephan Zweig en su autobiografía, contribuyó más que ningún otro elemento a la llegada de Hitler. La palabra “Europa” impregnará una realidad empobrecida y cutre y los ciudadanos se revolverán contra el gran sueño de posguerra del viejo, viejísimo continente. “Europeo” se convertirá en un insulto, y Bruselas en el nuevo Lepe. Y mientras el mundo, ese mundo que desconocemos y casi despreciamos, un mundo que nos huye por el Índico y el Pacífico, crecerá a marchas forzadas.
Por el momento, nos guardamos el as negro de la inflación en la manga. Pero violamos la segunda ley clásica de la lógica, la de la no contradicción. Vamos a apostar por la austeridad, pero gastando más dinero. Es otra lógica, claro. La lógica keynesiana. No parece que, más allá de esta declaración, vayamos a llegar muy lejos por ese camino.