La OCDE, en su último
informe de Panorama Global, dice que
la producción en nuestro país caerá un 1,6 por ciento, más otras ocho décimas el año que viene, cuando superaremos (esto empieza a ser un lugar común), el 25 por ciento de paro. Es una gran diferencia con el crecimiento del 1,8 por ciento de media para los países de la OCDE en 2012, y del 2,4 por ciento en 2013. Es decir, que nosotros vamos hacia atrás, pero en general el mundo va hacia adelante.
Pero no todo son malas noticias.
La OCDE es la primera institución que cree que España va a cumplir con sus objetivos de déficit. No exactamente, pero casi. Este año no cumpliremos el 5,3 por ciento del PIB, pero sí cerraremos en el 5,4. Y el que viene no lograremos el 3,0 por ciento a que nos habíamos comprometido, pero sí el 3,3 por ciento. Cada décima es importante. Pero, visto lo visto, sería un logro hercúleo, y ayudaría a que España recuperase su credibilidad ante el mercado.
Estas previsiones contrastan, hasta cierto punto, con el propio análisis de la OCDE, que
asume la idea de que la economía europea sufre una recaída en la actividad adicional por causa de los recortes, lo cual aleja a los Estados un poco de los objetivos de déficit que tienen. De hecho, según los cálculos de la OCDE, los esfuerzos de reducir el déficit en un momento de contracción como el actual llevan a que un tercio de los recortes se pierdan por la contracción añadida de la economía.
Pero la institución tiene más que decir sobre España. Andrés Fuentes, economista de la OCDE, dice sobre el sistema financiero español que
“lo importante es reconocer las pérdidas rápidamente”, así como “recapitalizar los bancos que son viables y cerrar los que no lo sean, y esto con rapidez”. Cerrar los bancos que no son viables. Es la respuesta tradicional, la del mercado. No proteger a los bancos mal gestionados, inundándolos de dinero público.
El Instituto Internacional de Finanzas, el club de la banca internacional, ha mostrado en un informe que “un número significativo (de bancos) necesitará asistencia gubernamental”. Las pérdidas conjuntas de la banca española rondan los 218.000 a 260.000 millones de euros. Nuestros bancos necesitarán financiación exterior del entorno de 50.000 a 60.000 millones, lo que sería más o menos un 5 por ciento del PIB. No es mucho, señala el IIF, especialmente si lo comparamos con el 33 por ciento del PIB que necesitó Irlanda.
Las previsiones de la institución están basadas “en la premisa de que finalmente las autoridades políticas europeas actuarán para evitar el peor desenlace, que es esencialmente una ruptura en la divisa común”. Precisamente la UE discute a esta hora si permite la utilización del fondo permanente de rescate (ESM) para recapitalizar la banca; la banca española, se entiende. Los analistas de Goldman Sachs creen que nuestros bancos deben buscar financiación fuera.