Una causa perdida
José Manuel Cuenca Toribio
viernes 25 de mayo de 2012, 20:58h
Ritornello, obsesión casi del articulista en su emborronamiento de periódicos y papeles públicos fue durante mucho tiempo su modesta cruzada para preservar quizá el último espacio de intimidad en las sociedades postmodernas. Su entusiasta campaña terminó ha tiempo, con rendición de armas incluida.
Sin embargo, pese a ello, de vez en cuando la tentación reaparece y, a las veces, incurre de nuevo plenamente en el mayor de los pecados de una colectividad que ha hecho de la igualdad el eje de sus pensamientos y deseos, sin que nada escape a su pretensión de soberanía universal: intentar oponerse a la marea arrolladora del presente, en nombre de mores e ideas que semejaban, por su naturaleza, eternas o, al menos, permanentes.
Entre ellas estuvo, a lo largo de los siglos, la vigencia de todas las formas de pronombres personales. Mediante su uso y la conjugación verbal correspondiente se delimitaban las esferas de sentimientos, afectos y educación. En la España de adentrados 2012 el “usted” ha desaparecido de facto en capas muy anchas de la población y en extensas áreas de la convivencia cuotidiana. El triunfo del “tú” es ya hegemónico, llevando todas las trazas de convertirse pronto en opresiva dictadura. Los escasos ambientes que tenían aún izada la bandera de la resistencia frente a un uso trocado a menudo en atropello, acabaron por plegarla.
Así aconteció en pocos años en uno de los bastiones del derecho a la intimidad y la corrección en las relaciones sociales. La empresa símbolo por antonomasia de la España del bienestar económico, cuyas diferentes secciones se dividían con carteles de “Señoras y Caballeros”, los ha mudado por los de “Hombres y Mujeres”, al paso que ha suprimido cualquier prelación del nombre propio y gana terreno, a rápido ritmo, entre sus empleados el tú como vehículo de diálogo con su clientela. Incluso en la sucursal hispana de otro gran establecimiento comercial de oriundez y matriz francesas, es decir, de la nación en que, pese a la presencia del legado de 1789, el “usted” usufructúa el mayor territorio lingüístico de la Comunidad Europea –junto con el alemán-, tal tratamiento, sencillamente, se ha suprimido…
Si en tales lugares el “usted” se bate en completa derrota, es fácil imaginar lo que sucede en otras zonas de la comunicación y convivencia nacionales. Justamente cuando mayor es el énfasis por conservar y potenciar a toda costa la privacidad –tema cuyo análisis filosófico y jurídico se halla a la cabeza de sus respectivas disciplinas-, más grande es la agresión por el medio social de su guardián y defensor. La expresión mayor sin duda de la solidaridad e, incluso, de la fraternidad es el respeto sacrosanto al otro; respeto que debe traducirse ante todo por comprender su intangible derecho a custodiar como quiera el preciado patrimonio de su personalidad más honda, en ocasiones, el único poseído por los hombres y mujeres con los que nos relacionamos en los bares, en las oficinas de empleo o en las piscinas. Muchas de entre las gentes con las que construimos nuestra propia biografía no desean poner en almoneda al primer contacto las reservas de sus creencias, recuerdos y sueños, ni tampoco de sus fracasos y desgracias.
Y el “usted” es la última línea roja de su preservación…