Elecciones presidenciales
Egipto: entre la dictadura religiosa y la dictadura militar
domingo 27 de mayo de 2012, 13:18h
El empate entre el candidato de los Hermanos Musulmanes y el del antiguo régimen en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Egito obliga a sus ciudadanos a escoger entre volver a la dictadura militar o aventurarse en una dictadura religiosa.
El resultado de la primera vuelta de las Elecciones presidenciales en Egipto no ha sido una sorpresa. Ningún candidato logró la mayoría absoluta, por lo que los dos primeros en el ranking se enfrentarán a mediados de junio. Mohamed Morsi, presentado por los Hermanos Musulmanes, ha obtenido el 24,9% de los votos; y Ahmed Chafiq, exprimer ministro y hombre del antiguo régimen, el 24,5%. Los egipcios deberán escoger entre volver a la dictadura militar o aventurarse en una dictadura religiosa.
La única sorpresa del escrutinio ha sido el porcentaje obtenido por el candidato naserista Hamdeen Sabahi. Con un 21,1% de los votos, ha mostrado que el nacionalismo egipcio sigue vivo. El recuerdo nostálgico del coronel Gamal Abdel Nasser, que acabó con la monarquía egipcia y rompió amarras con el colonialismo franco-británico en tierras del Nilo, ha vuelto a salir a flote. El naserismo en Egipto es una mezcla simbólica de laicismo, antimperialismo y caudillismo populista.
La segunda y definitiva vuelta de las Elecciones enfrentará a una organización popular, bien estructurada, disciplinada y voluntarista, la cofradía de los Hermanos Musulmanes, con la maquinaria del aparato del Estado y de la Administración que maneja los resortes del antiguo régimen. El posible éxito de Morsi dependerá en gran parte de su capacidad de atraer el voto de los salafistas, de los jóvenes y de la marginada población rural. En cuanto a Chafiq, tiene garantizado el apoyo de las Fuerzas Armadas (fue Comandante en jefe del Ejercito del Aire), de una gran parte de los coptos que temen ser víctimas de una dictadura islámica, y de las clases medias atemorizadas ante un eventual triunfo de los Hermanos Musulmanes.
La segunda vuelta se presenta desproporcionada en cuanto a los medios que utilizará cada uno de los contendientes. Ahmed Chafiq cuenta con todo el aparato político del antiguo partido gobernante, el PND (Partido Nacional Democrático), cuyos tentáculos se sumergen en cada aldea, barrio y gobernorado, y dispone de una enorme capacidad financiera, crucial para inclinar la balanza en la segunda vuelta. En cuanto a Mohamed Morsi, cuenta con un militantismo forjado en decenios de clandestinidad, miles de cuadros muy bien estructurados, una red de mezquitas diseminadas por todo el país, y un apoyo financiero notable de parte de un importante sector de la economía egipcia, comerciantes, industriales y financieros vinculados con los países del Golfo.
Cada candidato trata de convencer de que es el autentico representante de “la revolución”. Chafik declara que quiere “restaurar la revolución” que según él está en peligro y ha sido desviada de sus objetivos. Para el candidato militar la revolución del 25 de enero de 2011 “está en peligro” y promete trabajar “para el bien de todos los egipcios”. Melodía parecida a la del islamista Morsi que quiere también salvar la revolución. “Tenemos necesidad de un país democrático, y Chafiq es contrario a la democracia”, alega.
Pero si en público las declaraciones de ambos son todavía corteses, comienzan a notarse los golpes bajos. El Cairo esta plagado de murmuraciones, de sórdidas revelaciones sobre las intenciones “del otro”. Los círculos próximos a Chafiq filtran que los islamistas están dispuestos a poner el país a sangre y fuego en caso de que pierdan las Elecciones, y que si las ganan impondrán una dictadura “a la iraní”. Los seguidores de Morsi en cambio, dejan entender que el Ejército recurrirá de nuevo a los “baltagis”, verdaderos Escuadrones de la muerte que arremetieron brutalmente contra los manifestantes de la Plaza Tahrir, en caso de derrota. Cada parte intenta atemorizar a los seguidores del contrincante. En medio de ambos, una gran parte de la sociedad egipcia, en cuyas manos está hoy mas que nunca su futuro.