Mariano Rajoy es el hombre que iba a dar confianza. Mariano Rajoy es quien administra con cicatería sus palabras para que, lanzadas a las ondas, adquieran un mayor valor. Hoy, tras meses de esconderse ante los plumillas, ha comparecido. La Bolsa se hunde y la prima de riesgo, en máximos.
Mariano Rajoy es el hombre que iba a dar confianza.
Mariano Rajoy es quien administra con cicatería sus palabras para que, lanzadas a las ondas, adquieran un mayor valor. Hoy, tras meses de esconderse ante los plumillas, ha comparecido. La Bolsa se hunde y la prima de riesgo, en máximos.
No se puede decir, sin que suene a doloso
sarcasmo, que José Luis Rodríguez Zapatero tenía una teoría económica. Pero lo más parecido a una idea, que fuera además económica, y que estuviese asentada en la mente de Rodríguez Zapatero, era que todo, todo, depende de la confianza. ¿Hay confianza? Todo irá bien. Los consumidores consumen. Los inversores invierten. Los empresarios hacen lo que sea que hagan los empresarios y que Zapatero nunca llegó a entender del todo. ¿Hay desconfianza? Todo se viene abajo. Pero para eso estaba él. Para hablar de la champions league de la economía, para prometer una pronta recuperación, de mes en mes, año tras año, para calificar de anti patriotas a quienes se referían a la realidad, si es que eso iba a minar la confianza que todo lo puede.
Sólo que la confianza, en realidad, no lo puede todo. Ya
demolió Haberler las
teorías psicológicas de los ciclos económicos en el año 1937. Hay fenómenos reales subyacentes que explican el ciclo. Rajoy no es tan naif. Rajoy algo sabe de economía. Por eso sólo quiere acompañar sus escasas palabras con hechos. Unos hechos que se ven, viernes a viernes, en el programa de reformas que está llevando a cabo.
Pero siempre se guardó su palabra como un valioso refuerzo.
No habla, apenas, pero ha prometido no mentir. Sólo hace, eso sí, lo contrario de lo que dice, pero no miente sobre la gravedad de la situación y la necesidad de hacer verdaderos esfuerzos para revertirla. Hoy, informado como estaba del sentimiento de los mercados hacia España, Mariano Rajoy ha hablado. Ha pronunciado la palabra “importante” en 30 ocasiones. Y, vista la coyuntura que vivimos, acaso incluso sean pocas. Pero Rajoy ya no calma. Él no tranquiliza. La situación le supera. Este es el punto en el que Mariano Rajoy Brey no tiene ya el timón de la situación.
Las acciones de Bankia caen un 13,4 por ciento. Poco, a tenor de lo conocido este fin de semana. El
Ibex 35 cae un 2,17 por ciento hasta los 6.401,10 puntos. De los 8.000, de los que se dijo que eran una especie de suelo, ya ni nos acordamos. La prima de riesgo supera los 500 puntos al cierre, por vez primera en nuestra historia. En los 511 puntos.
El problema, el gran problema, es el
sistema financiero español. Y, dentro de él, las cajas de ahorros. Esto se ha explicado muchas veces. Lo que estamos viendo ahora es la dimensión del problema. Y lo que empieza a asomarse resulta aterrador. Estamos todos los que no tenemos los datos en la mano que estemos contemplando el agujero de la banca en toda su fea desnudez. Todo apunta a que lo veremos pronto, con las auditorías a cargo de dos empresas foráneas. Pero lo que ya vemos es suficiente para llegar a una primera conclusión: España no tiene capacidad financiera suficiente como para tapar con deuda pública los grandes agujeros de la banca privada, o desamortizada y luego nacionalizada. Esto quiere decir que Europa tendrá que rescatar nuestro sistema financiero. No sería un rescate como el de Grecia, Irlanda o Portugal, pero sí supondría una mayor tutela de nuestra política económica, en el contexto del
semestre europeo.