www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Italia y el escándalo del Calcio

Andrea Donofrio
x
adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 03 de junio de 2012, 16:44h
Mientras un preocupante seísmo sacude las regiones centrales del país, provocando destrucciones y ruinas, la prensa nacional parece más interesada por otro terremoto: el enésimo escándalo del calcio, la presunta trama de amaño de partidos y fraude en apuestas deportivas. A una semana de la Eurocopa, los medios y la opinión pública están más pendientes de las investigaciones de la Magistratura que del fútbol jugado. El futbolista Criscito que deja la concentración de la selección, la posible implicaciones de Buffon –capitán del equipo y personalidad carismática del vestuario-, y las nuevas interceptaciones telefónicas, ensombrecen la competición europea. Los amantes del fútbol, los tifos,i viven con aprensión y temor la posibilidad de saber que los resultados de algunos partidos de estos años hayan sido decididos por una organización con ramificaciones en el extranjero: dolería descubrir que su pasión, el amor por su equipo, la felicidad por sus victorias o la depresión por sus derrotas hayan sido manipuladas y condicionadas por una organización criminal con el fin de obtener importantes beneficios económicos.

El fútbol, como el deporte en general, debería ser expresión de altos valores, propagar la honestidad y la ética: no se puede permitir que promocione la deslealtad o la ilegalidad. Resulta muy meritorio el gesto y la actitud del seleccionador de Italia, Prandelli, de premiar la honestidad de los jugadores que se negaron a aceptar ser comprados. Sin embargo, las dimensiones de este nuevo escándalo (52 futbolistas en activo en el momento de cometerse los hechos, supuestas irregularidades en 33 partidos) genera mucha preocupación y desencanto hacia el mundo del fútbol. No es la primera vez que el mundo del calcio italiano es sacudido por un escándalo: en anteriores ocasiones también lo fue antes de una gran cita futbolística como en 1980, con el totonero una trama de apuestas ilegales, y en 2006, el Moggigate, una trama de designación de árbitros y arreglos de partidos en 2006). Y, paradójicamente, en ambos casos, Italia resultó ser campeona. Pero no se puede ser supersticioso y se debe subrayar la negatividad de estos episodios. Además, en esta ocasión, la participación de tantos jugadores, la implicación de partidos de primera división (tal y como dijo un mafioso en mayo de 2011 “hemos alcanzado la cima, un partido de la Serie A”) deja la imagen del fútbol italiano por los suelos y cuestiona la regularidad del desarrollo de todo el campeonato. El proceso, denominado New Last Bet, involucra directamente a jugadores, pone de manifiesto sus posibles relaciones con las mafias locales y las extranjeras, manchando de forma devastadora la imagen del deporte italiano. No debe infravalorarse la existencia de un sistema corrupto, criminal y que, con toda probabilidad, esté bien rodado, llevando años operando. El hecho que la trama salpique hasta la máxima serie podría demostrar que los actores de esta trama suponen –o suponían- contar con las garantías necesarias para no ser descubiertos. Asimismo, resulta muy preocupante que, según la fiscalía, estas tramas generan un volumen de negocios superiores al tráfico de drogas. El fútbol es un negocio: su importancia y las enormes cantidades de dinero que circulan alrededor de este mundo provocan que personajes “discutibles” muestren sus intereses por entrar en este negocio, tal vez de forma ilegal.

En Italia, el fútbol es algo más que un juego: por eso no debe extrañar que incluso el primer Ministro de Italia haya comentado esta noticia, proponiendo –a titulo personal- la suspensión de “dos o tres años de competición futbolística italiana profesional”. Decisión drástica, que, no obstante, pone de manifiesto la gravedad del escándalo: además de representar un desahogo, las palabras de Monti demuestran la trascendencia social que este nuevo escándalo está adquiriendo. No se puede permitir que el fútbol deje de ser una competición deportiva, que olvide su función de promotor de valores éticos. Para los italianos el fútbol representa algo más que un juego: forma parte de su mundo, está tan arraigado en la sociedad que, para algunos, pasa de ser una pasión a considerarse una verdadera ideología o, incluso, un culto. Se debe preservar, luchando contra la ilegalidad y fomentando el valor de la honestidad. Para los italianos no se trata sólo de un deporte: tenía razón Winston Churchill cuando, mostrando un profundo conocimiento del pueblo italiano y una fina sabiduría, afirmó: “Los italianos pierden las guerras como si fueran partidos de fútbol y los partidos de fútbol como si fuesen guerras”.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios