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RESEÑA

Almudena Grandes: El lector de Julio Verne

domingo 03 de junio de 2012, 17:33h
Almudena Grandes: El lector de Julio Verne. Tusquets. Barcelona, 2012. 424 páginas. 24 €
Con el referente de los Episodios Nacionales, de Pérez Galdós, Almudena Grandes comenzó a publicar en 2010 un proyecto narrativo que se proponía novelar, bajo el título general de Episodios de una guerra interminable, acontecimientos, situaciones y personajes de la España de postguerra y de la dictadura de Franco hasta 1964. Concebido en seis entregas, con ese nexo común, pero de lectura independiente, aparece ahora la segunda, El lector de Julio Verne, tras Inés y la alegría. En esta entrega, nos situamos en 1947, cuando hace menos de diez años que la Guerra Civil española ha finalizado. Como todo tiempo de postguerra son años muy duros a todos los niveles, en los que el conjunto de la sociedad sufre las terribles secuelas de un conflicto que, en este caso, enfrentó a conciudadanos e incluso a hermanos. Pero si vivir los años que siguieron a este conflicto bélico en la ciudad fue difícil, más aún lo es si nos trasladamos a las áreas rurales, a lo que se conoce vulgarmente como la España profunda, esa España a la que de la mano del pequeño Nino, protagonista y narrador de la historia, vamos a ir.

Mantener el orden y la autoridad en cualquier ámbito ha sido un trabajo que siempre ha granjeado numerosas enemistades; por eso, si en el contexto antes descrito, añadimos el estar dentro de una familia cuyo patriarca es guardia civil y esta familia vive en una casa cuartel de un recóndito pueblo de la serranía de Jaén, los recelos que genera esta figura entre sus vecinos son casi directamente proporcionales a la necesidad legal que tiene encomendada de ejercer su oficio de guardar la ley y el orden, así como de imponer respeto a la institución a la que representa. Nino parece abocado a seguir los pasos de su padre y acabar convertido en un miembro más del insigne instituto armado. Pero esta cuasi predestinación se ve truncada por diversos motivos, como le ocurre a Nino, quien descubre un universo que, en principio, no estaba a su alcance: la cultura, el aprendizaje y la formación intelectual.

En El lector de Julio Verne queda patente que la vida da una cantidad de vueltas que no se pueden controlar. Uno puede ser hijo de un guardia civil y acabar comprendiendo a quienes le son presentados como sus enemigos, como le sucede a Nino con los maquis. Así, algo tan aparentemente personal como la ideología política, tampoco está a salvo de estos avatares de la vida. Por referirnos a la actualidad, nadie garantiza a esos padres que, por ejemplo, llevan a sus hijos pequeños a movilizaciones del 15-M, que no acaben teniendo que aceptar, dentro de unos años, que su vástago se ha convertido en un amante feroz del capitalismo. En este sentido, puede señalarse que El lector de Julio Verne tiene la más absoluta vigencia en algunos planteamientos, basta con cambiar el escenario y podremos sacar conclusiones similares.

Almudena Grandes, en este proyecto narrativo en general y en este título en particular, se sitúa del lado de los perdedores, realizando un canto, al que, más allá de su estricta defensa de una ideología concreta -lo que arrastra casi inevitablemente al maniqueísmo e incluso cierto sectarismo-, no puede negársele su ambición novelesca, y su deseo de recuperar un carácter épico no desdeñable.


Por Jorge Pato García
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