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Los patriotas británicos nos dan una lección de branding

martes 05 de junio de 2012, 13:08h
Los británicos celebran estos días los sesenta años de reinado de Isabel II. No están siendo actos austeros ni mesurados propios de los tiempos de crisis que corren. Es una fiesta a lo grande. No falta de nada, pero sobre todo no falta nadie: los ciudadanos se han volcado en la celebración del Jubileo de Diamantes de su reina. El fervor patriótico navega por el Támesis, se proyecta en el Palacio de Buckingham e invade la Catedral de San Pablo. Lo está viendo el mundo entero a través de los medios de comunicación. Todo un ejemplo de branding, de estrategia para construir una buena marca, en este caso, una buena marca país, marca Reino Unido con la Union Jack hasta en la sopa.

Sería impensable algo semejante en España con motivo, por ejemplo, de los cuarenta años de reinado de Juan Carlos I, que se cumplirán en 2015. ¿Alguien se imagina a los grandes artistas españoles de la música protagonizando un concierto multitudinario en honor del Rey en plena Plaza de Oriente abarrotada de enfervorecidos ciudadanos agitando banderitas nacionales? ¿Alguien visualiza la proyección de una gigante bandera española de luz sobre la fachada del Palacio Real? ¿Y qué hay de un paseo en barca por el Manzanares de la Familia Real española al completo entre los aplausos y vítores de los miles de personas llegadas de todos los rincones del país y concentradas en los márgenes del río para ovacionar al Jefe del Estado? ¿Sueñan con una cobertura mediática a nivel planetario y una radio y televisión públicas como RTVE volcadas en la retransmisión de los fastos? ¿Creen posible todo un país, ex colonias incluidas, unido como una sola persona gritando su orgullo de país, su united we stand como los estadounidenses tras el 11-S?

Al español preguntado le da la risa. Ni en broma. Lo más parecido -las bodas de los hijos de los Reyes- ni se acercaron a lo que el Reino Unido vive en este aniversario real. No hay más que abrir el periódico o encender la televisión que también publican informaciones sobre Don Juan Carlos, que estos días trata de arreglar el estropicio que para su imagen pública supuso el viaje a Botsuana poniéndose a la cabeza de una delegación empresarial española de gira por Brasil y Chile e intentando traerse para casa el mayor número de contratos posible. Tendrá éxito porque es el mejor intermediario que tiene España en el exterior. También es nuestro mejor embajador y, junto al resto de la Familia Real, es esencial para mejorar el prestigio de la Marca España en el extranjero con el objetivo de contribuir a la recuperación económica.

En eso está empeñado este Gobierno, en “vender” España fuera de nuestras fronteras. A la tarea se han puesto varios ministerios con el de Asuntos Exteriores a la cabeza, se ha implicado a la Casa del Rey, a las grandes empresas de nuestro país, a nuestras Fuerzas Armadas y a los mejores deportistas patrios. En los próximos días se va a presentar un Alto Comisionado para la Marca España de cuyo nombre no tenemos noticia y cuyo equipo, sede y presupuesto ignoramos porque García-Margallo y alrededores no suelta prenda. Hay muchas quinielas, pero ¡cómo sean tan afinadas como las que circulaban sobre quién presidiría RTVE estamos listos! La labor es encomiable, pero difícil y ardua no tanto por el público al que va dirigida sino por el público del que se ha olvidado, el público español.

Es más fácil que la Marca España logre éxitos considerables fuera que en el ámbito doméstico y este obstáculo dificulta la empresa en su conjunto porque los cuarenta millones de españoles largos y con excepciones restan más que suman al prestigio de nuestro país. Ahora llega la Eurocopa de Fútbol y los Juegos Olímpicos y es probable que veamos banderas por la calle y oigamos el himno con frecuencia, pero las competiciones deportivas pasarán, volveremos a mirar con envidia a los ciudadanos orgullosos del Reino Unido, Francia, Alemania o los Estados Unidos y seguiremos avergonzados de nuestros símbolos y de nuestras gentes, en definitiva, avergonzados de nuestra España.
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