www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Algunos hombres buenos

Javier Zamora Bonilla
martes 05 de junio de 2012, 20:16h
Desde que leí en mi poco a poco lejana niñez el “Retrato” que Don Antonio Machado hace de sí mismo, he meditado por qué se sintió obligado a matizar el sentido en el que utiliza la palabra “bueno” en unos versos realmente deliciosos, con los que me identifico desde aquella tierna edad:

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Después de darle muchas vueltas, he llegado a dos conclusiones: una, que no hay nada de presunción por parte de Machado en autocalificarse como “bueno”, sino que efectivamente fue un buen hombre, fiel a sus ideas y a sus principios. Por eso, cuando llegó “el día del último viaje” y tuvo que coger “la nave que nunca a de tornar”, salió de España “ligero de equipaje” en los momentos en que la incivil guerra civil tocaba a su fin y los principios e ideas en los que el poeta creía iban a ser arrumbados por otros ultraconservadores, clericalones y fascistizantes, impuestos por el autollamado bando nacional.

La segunda conclusión es que da lástima que un hombre como Machado tuviera que matizar el sentido en que utiliza la palabra “bueno”. En nuestro país lo normal es que cuando decimos de alguien que es “buena persona”, lo que queremos significar es que es “bonachona”. El Diccionario de la RAE define ésta como “de genio dócil, crédulo y amable”. Estas cualidades no son necesariamente negativas, pero por lo general se interpreta que es alguien dispuesto a hacer lo que le manden, que se lo cree todo y que además responde a los requerimientos de forma apacible, sin aspavientos ni contrariedades.

Don Antonio Machado era bueno también en este sentido, si quitamos la carga negativa a “dócil, crédulo y amable”, pero sobre todo lo era en los de las dos primeras acepciones que el Diccionario de la RAE da a “bueno”: “que tiene bondad en su género” y “útil y a propósito para algo”.

Se me hace difícil creer que en España no haya algunos hombres buenos, es decir, que tengan bondad en su género y sean útiles y a propósito para lo que se les encargue, capaces de estar por encima de las disputas partidistas, personas, por lo tanto, que no sean dóciles, crédulas y amables ante las ruedas de molino con que los partidos quieran hacerles comulgar en defensa de los intereses de parte y no de los del común.

Desconozco los méritos que tiene quien ayer fue propuesto por el PP para ocupar la presidencia de RTVE. Parece, según las informaciones periodísticas, un buen gestor. Nada que objetar, por tanto, al nombre, pero sí a que el PP y el PSOE no hayan conseguido ponerse de acuerdo para nombrar un candidato de consenso, el cual pudiera obtener la mayoría cualificada parlamentaria con los votos de ambos partidos, como establecía la anterior legislación, y, por el contrario, el PP haya cambiado la norma para así imponer su propio candidato gracias a la mayoría absoluta de que goza en el Congreso, mientras el PSOE no ofrecía la colaboración institucional necesaria que pocos meses ha, cuando era gobierno, reclamaba. La crisis en la presidencia de RTVE ha durado casi un año desde la dimisión de Alberto Oliart ¿De verdad que durante este largo periodo no se ha podido encontrar un nombre en España, o fuera de España si es necesario, capaz de conseguir el consenso entre los dos grandes partidos?

No es el único caso de altas instituciones o entes públicos en que nos encontramos con una situación similar. La más llamativa y preocupante es la del Tribunal Constitucional. Es difícil creer que no haya en nuestro país diez o doce nombres que estén por encima de la algarabía partidista, una docena de hombres buenos que puedan ser elegidos para suplir las vacantes y renovaciones que desde hace tanto tiempo deberían haber sido cubiertas.

Es muy lamentable que en altas magistraturas del Estado y en entes públicos se vote en los plenos y en los consejos de administración una gran cantidad de ocasiones, sobre todo cuando afecta a cuestiones políticas, de forma partidista, según la posición que defiende el partido que ha propuesto al miembro de dichas instituciones. La crispación partidista, que nunca sobre vuela sobre el interés de parte y, por lo tanto, no atiende al bien común, está impidiendo el buen funcionamiento de algunas instituciones importantes del Estado. Ahí tienen, por ejemplo, la controversia generada por las estancias marbellíes del presidente del Consejo General del Poder Judicial, que si bien fue un candidato de consenso en su día, todo el mundo sabe que es un hombre más afín a la ideología del PP y, por eso, el partido y el gobierno defienden a capa y espada al mismo e impiden que vaya al Parlamento a dar explicaciones del supuesto derroche de dineros públicos. ¡Cómo con Bankia!, que tampoco quieren que se rindan cuentas, aunque nos vaya a costar 23.000 millones de euros a todos la mala gestión de los cargos puestos por los políticos.

Desde los últimos gobiernos de Felipe González, se ha instalado en la política española un grado de crispación, oposición sistemática y falta de colaboración institucional que está deteriorando a grandes pasos la calidad de la democracia española. Es urgente que se restablezcan las vías institucionales de comunicación con grandeza de miras y con franqueza en las propuestas para llegar a consensos, que son muy necesarios en muchas cuestiones. Podría empezarse por seleccionar a esos hombres buenos, que tengan, como no puede ser de otro modo, sus ideas, pero que no sean dóciles, crédulos y amables ante las imposiciones partidistas. ¿Se atreverán los partidos a pensar en esos hombres buenos? Me temo que no, porque prefieren seguir pensando en los intereses de parte, pero me alegraría profundamente estar equivocado, aunque el modo en que se ha resuelto la crisis en RTVE no permite hacerse grandes esperanzas.

Javier Zamora Bonilla

Profesor de Historia del Pensamiento Político

JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios