La solución nunca fue tanto ladrillo
miércoles 06 de junio de 2012, 20:19h
Qué poco amigos somos los españoles de los referéndums. ¿O son nuestros políticos quienes pasan de ellos? Total, ¿para qué andar preguntando, si los votos les han otorgado ya el poder de decidir en representación de todos? ¡Viva la democracia! A veces, dan envidia esos otros países europeos que no dudan en preguntar a los ciudadanos su opinión acerca de los temas más variopintos. Importantes, claro. O no tanto. El fin de semana pasado, no obstante, tuvo lugar en el municipio cacereño de Guijo de Galisteo, y en sus dos pedanías de Valrío y El Batán, uno de esos raros casos de referéndum en España. La cuestión a decidir por sus habitantes era bastante sencilla. El Ayuntamiento dispone de 15.000 euros, en principio, destinados a las fiestas. Más en concreto, a los astados. O, aunque todos nos entendamos, destinados a costear encierros, corridas, “embolaos” o cualquier otro tipo de los denominados festejos taurinos. ¿Y si destináramos dicha partida presupuestaria a hacer contratos de trabajo para quienes, en vez de correr delante de los toros, sufren los banderillazos del paro? Lugareños: decidan ustedes. Dos papeletas, más bien, dos cartulinas: una con la palabra TOROS y la otra, con la palabra TRABAJO escrita. ¿Qué quién ganó? ¿De verdad me lo preguntan?
No, claro, el resultado ya creen saberlo todos. Pues, sorpresa, señores. Al menos, en parte: mientras que en las pedanías ganó con bastante rotundidad la opción de los toros, en Guijo de Galisteo hubo 115 votos a favor del empleo, frente a 40 que querían fiesta taurina. En todo caso, cualquiera que sea el resultado, mejor preguntar. Puede que de esa forma se hubieran salvado algunos kilómetros de arena, de pinos, de matorrales. De tierra, en definitiva. Que ahora resulta que sobran ladrillos. Pues claro, qué se creían. Qué nos creíamos. A los hijos de un amigo mío extranjero, les encantaba venir cada verano a España. Y no era por el sol. Desde que el avión empezaba a sobrevolar territorio español, su mayor diversión consistía en contar grúas. Los pobres no daban abasto. Sobrecogía, oigan, eso de contar de una sola pasada hasta veinte o treinta larguiruchos brazos metálicos rompiendo el cielo y, sobre todo, el paisaje. Para qué tanto horizonte. Como mucho, para los pájaros, que, eso sí, tuvieron que modificar sus planes de vuelo.
Dicen que corren malos tiempos para la construcción. Lo cierto es que corren pésimos, para casi cualquier cosa. Además, ¿no hemos construido ya todo lo construible? Parece como si no nos hubiéramos dado cuenta todavía de que aquellos que aseguraban que el mejor lugar para invertir las perras – perdón, los euros – era la vivienda, al final han resultado estar completamente equivocados. Y ahora, en este país de propietarios, donde se sigue mirando torcido al que vive de alquiler, quien confió en el cemento, se ve igual de agobiado que aquel que decidió apostar por bonos con vencimiento a 3.500 años. No se vende ni un triste adosado. Aún así, la sangre especuladora que nos corre por las venas sigue empujando a pensar que para salir de la crisis, la solución es continuar levantando bloques de vidrio y hormigón. Los últimos en declararlo así, han sido algunos vecinos de Valdevaqueros, en Tarifa, indignados con los ecologistas porque, aseguran, están perjudicando su salida del paro y de la crisis.
Cómo demonios habrá que explicar que eso de construir sin ton ni son, es pan para hoy y hambre para dos minutos después. Vale, ahora se construye para ricos y los ricos lo que quieren es, precisamente, descansar de tanto hacer dinero en playas vírgenes, esas pocas que quedan sin que nadie haya plantado en ellas la chancleta. Sin embargo, con Valdevaqueros, situado entre el Parque Natural del Estrecho y el Parque Natural de los Arcornocales, no debería caber ni siquiera ese denominado “desarrollo blando” que saca a relucir el alcalde de Tarifa, en un intento de calmar los ánimos de quienes se oponen a más urbanismo. ¿De verdad no hemos tenido bastante? Si ya nos sobran hasta aeropuertos y autovías. ¿Conocen algún otro país en el que se dupliquen carreteras de varios carriles con un mismo trazado? ¿Qué haya erigido aeropuertos en mitad de cualquier páramo? Pobre Don Quijote, si en vez de con molinos, se hubiera topado con los armatostes que dibujan hoy el paisaje: grúas, excavadoras, cementeras…”Ay, mi fiel Sancho, siempre brota austeridad cuando se ha sembrado despilfarro”.
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Escritora
ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora
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