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La entrevistadora Julia

sábado 09 de junio de 2012, 22:05h
Si no fuera por la cita final del discurso de Lévi-Strauss en su centenario, toda la entrevista que hizo Julia Otero a Mario Vargas Llosa el pasado lunes en la TVE1 sería prescindible (música lastimera de piano al fondo incluida. Por un momento pensé que se había muerto Vargas Llosa). Parece que a nadie convencía ni el formato del programa “Entrevistas a la carta”, ni la entrevistadora, ni los costes (250.000 euros por ocho entrevistas). No es eso. Es que sentí que Julia Otero no se había preparado la entrevista en absoluto, que estaba tirando de las rentas de sus entrevistas anteriores con él, de toda su experiencia en la radio y televisión. Pero tal vez cuando estás delante de un Premio Nobel de Literatura con eso no basta. Y no bastó. El primer jardín lo atravesó situando en los años noventa una foto de una manifestación contra la nacionalización de la Banca en Perú en la que aparece Vargas Llosa. El escritor dijo: “No, Julia, eran los años setenta”. Estética o no, es que no sabíamos nada de la foto y su contexto político e histórico. Segundo jardín, éste con esculturas de piedra: al hilo de la próxima paternidad de Fernando Sánchez Dragó, ella empieza a hablar sobre la “petite mort” refiriéndose a algo parecido como al apagamiento sexual de los hombres maduros. Vargas Llosa y un 10% de los que estábamos viendo la entrevista, asombrados, incrédulos, pensamos que es broma, que está bacilando…. Pues no. El entrevistado, con una amable sonrisa, corrigió una vez más a la entrevistadora Julia, explicándole lo que quieren decir los franceses con “petite mort”, y que nada tiene que ver con la senectud, bien au contraire.

El tercer jardín tiene que ver con el contenido de su último ensayo “La civilización del espectáculo” y del que Julia Otero hace una interpretación en materia de sexualidad y erotismo. De nuevo, Vargas Llosa, con su sonrisa de seductor, la reprende y le dice: “Al contrario, lo que quiero decir es….”

En fin, un desatino contínuo. Una interrupción continuada. Una caída de la audiencia (la mitad de la conseguida con Cayetano Rivera Ordóñez) y lo que seguirá si sigue no preparándose las entrevistas, si sigue buscando epatar al entrevistado con comentarios capciosos y si hace preguntas tan arriesgadas como: “Mario, ¿tú crees que a veces la gente se equivoca votando?” Creo que Vargas Llosa echó mano de sus dotes de actor aprendidas con Aitana Sánchez Gijón para encajar la pregunta con elegancia.

Ella misma, la entrevistadora Julia, dijo en alguna ocasión durante la entrevista: “He perdido una magnífica oportunidad de estar callada” Pues eso.
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