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AL PASO

La reforma de la Ley Electoral: Palabras mayores

jueves 14 de junio de 2012, 08:26h
No es pequeña la trascendencia que cabe atribuir a la proyectada reforma de la ley electoral para hacer posible que quienes dejaron en el pasado reciente el País Vasco como consecuencia de la amenaza terrorista, puedan volver a votar desde el lugar de su nueva residencia en su antigua circunscripción electoral. Este empeño debe remontar algunos obstáculos técnicos, que tienen que ver con la dificultad de tocar resortes del sistema electoral, tales como los referentes al censo como elemento fundamental de las elecciones, y que está determinado sobre su base en el patrón municipal, en el que la inscripción se lleva a cabo a partir de la residencia. Tampoco sería fácil la justificación o prueba que cabría aducir para poder figurar en este suplemento no residencial del censo, en cuya virtud uno podría ser computado como desplazado forzoso, a los efectos de ser admitido en la antigua circunscripción electoral vasca. Ni resulta sencillo decidir el plazo de tiempo durante el cual resultaría aceptable la solicitud de la nueva ubicación electoral, o si ésta es revocable, o si debe abrirse la posibilidad de que a la misma se acojan los que hubieron de salir del País Vasco, pero no tenían entonces la edad para participar en las elecciones, etc.

Incluso podría ponerse en cuestión la constitucionalidad de la iniciativa si se pensase que no hay, especialmente si se produjese la disolución de ETA, justificación en el momento actual para establecer una excepción a las condiciones del ejercicio del derecho a voto de todos los españoles, que como hemos dicho, liga el sufragio activo a la vecindad administrativa, y se creyese que la proyectada reforma de la ley electoral pone indebidamente en cuestión la configuración, sobre unas bases de fijeza asentadas, de la confección del censo.

Pero hay algo sobre lo que esta reforma llama la atención y resulta del máximo interés subrayar, y que tiene que ver con el recuerdo de la tropelía que supuso que un determinado sector de la sociedad vasca se viese impelida por razones ideológicas a abandonar Euskadi, de acuerdo con un plan de limpieza ideológica. Tal objetivo resultaba indefendible tanto desde un punto de vista ético, pues suponía la persecución de una parte de la propia sociedad vasca cuyo pluralismo quedaba seccionado, como desde un punto de vista jurídico, pues implicaba situar el debate político en términos de desigualdad manifiesta a favor de quienes resultaban beneficiados por la exclusión de los expulsados del juego electoral , cuyas oportunidades políticas quedaban reducidas sino coartadas absolutamente por la intimidación. Es sumamente oportuno en este momento en que se intenta falsear el recuerdo de lo que el pasado reciente vasco ha sido efectivamente, mediante las correspondientes cuotas de tergiversación y amnesia, traer al terreno de la reconstrucción de los hechos, a la refacción de la verdad, esta incómoda prueba de lo que la violencia terrorista ha supuesto en la vida política vasca.

Del mismo modo que la persecución penal internacional no es un ejercicio de justicierismo, sino la garantía de que los futuros criminales han de contar con la seguridad de que sus tropelías no quedarán impunes, la reparación a la fechoría de la alteración de las condiciones de la vida democrática vasca, inhibirá en el futuro el recurso a la violencia de quienes pudieran pensar en ensayar nuevamente la deformación del espacio electoral, impidiendo rédito alguno a la utilización de la coacción.

!Qué mal queda entonces la reacción de los que, al menos por la mala conciencia de haber resultado indudablemente beneficiados por el clima enrarecido de la violencia durante tantos años pasados, debieran haber empezado por lamentar el que el terrorismo en las décadas del tiempo de silencio, haya impedido la confrontación electoral en igualdad de condiciones en el Pais Vasco!, ¡Qué fea esa denuncia de desperfectos electorales, nunca aducidos cuando perjudicaba a otras fuerzas políticas, y ese recordatorio sobre la importancia sagrada del censo electoral!. ¡Qué sensibles al argumento de la manipulación electoral resultan quienes todavía no han explicado el propósito de la diferencia entre ciudadanía y nacionalidad que se establecía en el Plan Ibarretxe o la reserva de la plenitud ciudadana en el llamado Estatuto republicano de Estella a quienes dispusiesen de determinadas pruebas de autoctonía!
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