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Crónica económica

Que cierren los bancos que no puedan sostenerse

jueves 14 de junio de 2012, 20:00h
A pesar de que el presidente del Gobierno aseguró el pasado mes de mayo que no dejaría caer a nadie (ni bancos, ni cajas, ni Autonomías), son muchas las voces que han alertado sobre la quiebra y el cierre de algunas entidades bancarias. ¿Sería tan dramático? ¿Es mejor el rescate que la quiebra?
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, dijo el 28 de mayo que él no dejaría caer a nadie. Como un Atlas, se echó sobre la espalda del Estado a las Comunidades Autónomas y a todos los bancos y cajas. Si cayesen, adviertió, se produciría una devacle. Ahora esa caída se acerca, pero no parece tan dramática.

El comisario europeo de Competencia, Joaquín Almunia, comentaba recientemente en una entrevista concedida a Televisión Española, lo siguiente: “Cuando el coste de reestructurar y de poner en un lugar más seguro a una entidad es superior al coste de liquidar esa entidad de manera ordenada y de vender sus activos, de distribuirlos entre otras partes del sector financiero, pues es lógico que en nombre de los contribuyentes, en nombre de quienes pagan el rescate, se prefiera una liquidación ordenada a no mantener a costa del dinero público una entidad que no alcanza los niveles de viabilidad mínimos”. Sin duda, la cuestión sobre si habrá que cerrar o no entidades bancarias formará parte de la conversación que mantengan Almunia y Mariano Rajoy.

¿Es razonable pedir que las entidades inviables, las que no se pueden mantener por sí mismas, echen el cierre? Aunque sólo sea porque es lo que siempre ha ocurrido, sí lo parece. Almunia no es el único que lo ha pedido. También se suma Francisco González. El presidente de BBVA ha señalado que “la mayor parte de la banca no las necesita, el gran problema está en las cajas”, alguna de las cuales ha caído en comportamientos “imprudentes, erróneos o simplemente fraudulentos”. Es necesario “diferenciar” e “identificar a las que no son viables”, las cuales “tendrán que desaparecer”.

González ha mostrado su confianza en la labor que está haciendo el Gobierno. “España es un país muy solvente y está haciendo muchas cosas para salir de esta situación”, dice, y añade: “Tenemos un Gobierno fuerte, les guste o no a algunos. Ha hecho mucho en poco tiempo, ha puesto en marcha una política creíble de consolidación fiscal, apoyado en la reforma laboral, que es una gran reforma. La administración pública ha comenzado a pagar”.

Lo cierto es que hay una lógica en el cierre de las entidades que obtienen pérdidas o que son insolventes que no debemos dejar de lado. Cuando un banco (o una caja de ahorros) se encuentra en una situación de insolvencia y no logra conseguir nuevo capital para recuperarla, es lógico que cierre. Es justo, además, que lo haga. Y, por añadidura, forma parte de un proceso que es bueno para el conjunto de la sociedad. Los bancos que quiebran no han sido bien gestionados. Al quebrar, sus activos son adquiridos por otras entidades que han sido lo suficientemente bien gestionadas como para mantenerse activas. De este modo, los recursos van de los malos gestores a los buenos gestores. Si el mercado no nos facilitara, de forma automática, este proceso, tendríamos que inventarlo. Por suerte, no hace falta.

Hay una segunda razón para considerar que la quiebra y el cierre es mejor que el rescate. Y es que si se tiende una red para los bancos que quiebren, su comportamiento no quedará sujeto por la implacable disciplina del mercado. Esa disciplina favorece que no se caiga en comportamientos excesivamente imprudentes, pues de otro modo desaparecerán. Si no importa qué comportamiento sigan porque siempre habrá una red estatal sosteniéndoles. De modo que el intento por solventar las consecuencias de la imprudencia favorece la imprudencia y, por tanto, sus consecuencias.
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