Reinas feas y extravagantes
viernes 15 de junio de 2012, 20:21h
Letizia Ortiz Rocasolano era una chica normal y corriente. Estudió periodismo, sacó buenas notas y llegó a presentar el Telediario de la 1, tras haber pasado por la Agencia EFE, el diario ABC y la CNN+; todo un logro profesional. Conozco a gente que la ha tratado “antes y después”. Afirman que es inteligente, agradable y discreta. Y guapa. ¿Difiere mucho de Doña Letizia, Alteza Real y Princesa de Asturias? A mí me parece que son la misma persona, pese a que haya quien se empeñe en verla únicamente como “la mujer del Príncipe”. Entre que la envidia es el pecado nacional y que en un mundo de ociosos la que ha currado desentona, lo lleva crudo. Si al rey Arquídamo II el senado espartano le multó por casarse con Lampito, “mujer fea y torpe”, ya va siendo hora de que alguien felicite a Don Felipe por haber escogido bien. Con permiso de Jaime Peñafiel, claro.
Estoy seguro de que Doña Leticia será una buena reina consorte; al menos, en comparación con parte de lo que ha habido. Baste sino echar una miradita hacia atrás…el listón está por los suelos. Por ejemplo, María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV. La cara con que aparece en el retrato familiar pintado por Goya lo dice todo. Cuentan que era antipática, fea y adúltera; lo que se dice un partidazo. Su nuera, María Amalia de Sajonia, tampoco le iba a la zaga. Aparte de ser aún más malencarada que su suegra, no permitía que su marido, el inepto de Fernando VII se le acercase con intenciones de coyunta. Hizo falta una carta del papa Pío VII para convencerla de que las relaciones sexuales entre esposos no eran pecado. De todos modos, falleció prematuramente, por lo que el asunto no fue a mayores. Era la tercera esposa del monarca, y sus dos matrimonios anteriores tampoco fueron precisamente idílicos, por lo que cuando en la corte le sugirieron que se volviera a casar, se entiende que espetase un “vamos, no me joda”.
Esta María Amalia de Sajonia no tiene nada que ver con la encantadora mujer de Carlos III -excelente rey- quien, al morir ésta apenas sí acertó a decir: “en 22 años de matrimonio, Amalita, es el primer disgusto que me das”. Carlos III no se volvería a casar. Y otro tanto aconteció con su predecesor, Fernando VI, igual o mejor en el trono que Carlos III. Cuando se estaban negociando los esponsales, la corte portuguesa retrasó todo lo que pudo el envío del retrato de su futura esposa, Bárbara de Braganza, pues tenía fama de ser “la princesa más fea de Europa”. Sin embargo, el físico no fue obstáculo para que entre ambos surgiera un amor tan verdadero como infrecuente. Compañeros y amigos inseparables, no tuvieron hijos, pero sí una muy feliz vida en común. Ambos eran cultos, refinados y melómanos, y gustaban de tocar la viola de gamba y el clave acompañados por la voz del célebre Farinelli. Cuando falleció Bárbara de Braganza, su marido fue incapaz de reponerse. Murió de pena un año después, y ambos son los dos únicos reyes que no reposan en El Escorial, sino en Las Salesas.
Peor fue lo de Luisa Isabel de Orleáns, única reina de la historia a la que se llegó a arrestar por mal comportamiento. Casada con Luis I -quien protagonizó el reinado más breve de España, con sólo 229 días-, tenía la costumbre de corretear desnuda por los jardines y eructar en público, amen de no lavarse apenas. Un cronista añade que “era fea de veras”. El arresto, desde luego, estaba más que justificado. Hoy, por suerte, corren otros tiempos, y la monarquía transcurre por derroteros bien distintos. Doña Leticia lo hará bien, seguro; mejor que muchas de sus antecesoras. Y además, no le gusta cazar.
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Abogado
ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset
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