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Crítica de arte

El último Rafael: el maestro de maestros

miércoles 20 de junio de 2012, 16:29h
Durante los últimos años de producción artística de Rafael (1483-1520), el pintor y arquitecto vio encumbrado su éxito a lo más alto del arte occidental. Se sirvió para lograrlo de un taller de discípulos, artistas como él, que hicieron posible cumplir la cantidad de encargos que recibió antes de su temprana muerte con sólo 37 años. El Museo del Prado aborda la relación que mantuvo el pintor de Urbino con sus acólitos, así como la aportación de ellos a sus obras y a la consolidación de su figura como uno de los creadores más grandes de la historia.
A través de 44 pinturas, 28 dibujos, un tapiz y una pieza arqueológica, el Museo del Prado ha organizado la exposición El último Rafael, en la que aborda los últimos años de la producción artística del pintor de Urbino, quien contó con la inestimable ayuda de un taller que bien pudo ser una suerte de academia. Giulio Romano y Gianfrancesco Penni fueron dos de las figuras de mayor importancia para la consecución de los numerosos encargos que recibió Rafael antes de 1520, cuando su muerte con sólo 37 años le impidió aumentar su éxito como el pintor más influyente del arte occidental.

La especial significancia que adquiere esta exposición radica en el hecho de que ante la imposibilidad de exponer los frescos que pintó Rafael para las Estancias de Julio II en el Vaticano o para la Villa Farnesina, en Roma, sus obras reunidas en la muestra dan cuenta del volumen de trabajo que debió afrontar en poco tiempo, del contexto artístico derivado de esta circunstancia -basta recordar que el Humanismo ya se hacía hueco en el pensamiento occidental y que el mecenazgo de los papas estaba en boga-, así como del creciente número de artistas que se dieron cita durante el Cinquecento en Roma, cuna también de creadores de tanta importancia como Miguel Ángel.

Entre los muchos encargos que recibió Rafael entre 1510 y 1520 figura una gran cantidad de creaciones en las que la Virgen con el Niño y la Sagrada Familia fueron los temas elegidos para sus pinturas. La iconografía cristiana combinada con el germen de la cultura clásica y la mitología fueron los motivos más abordados por los artistas del Renacimiento, entre quienes Rafael destacó por ser uno de los que mejor trató los temas marianos con avances técnicos y estilísticos de relevancia para coetáneos y futuras generaciones.

La Virgen del pez, la primera obra expuesta en la muestra, se trata de la última composición que pintó Rafael según un esquema habitual hasta entonces, por el que la Virgen, que porta al Niño en brazos, era representada acompañada de varios santos. Se cree que el pintor de Urbino contó con la participación de su taller, dudas que han sido disipadas con seguridad en La caída en el camino del Calvario, lienzo en el que ha sido identificada la aportación de Rafael en el Cristo y el Cirineo; de Penni, en el paisaje; y de Romano, en el resto de figuras, cuya carga dramática nada tiene que ver con la frialdad de la Virgen del pez. Lo demuestran los expresivos rostros del Cristo caído y de la Virgen, quien se torna en auxilio de su hijo.

Así como en Santa Cecilia, pintada por Rafael entre 1515-1516, las figuras representadas se encuentran integradas en el paisaje, no sucede lo mismo en La Visitación, de Penni y Romano, quienes lograron llevar a cabo un gran trabajo escenográfico y de ambientación, pero no alcanzaron el virtuosismo de la técnica de su maestro.

El manto azul, que remite a la pureza de la Virgen, sobre el ropaje rojo o rosado que porta la madre de Cristo, que prefigura la Pasión, es una constante en las pinturas de Rafael y de sus discípulos dedicadas al arte mariano. Así se constata en La Virgen de la rosa, óleo en el que el maestro dio todo el protagonismo a la Virgen, al Niño y a San Juan Bautista, quien se encuentra plenamente integrado en la escena no sólo por la luminosidad que lo acompaña, sino también porque la Virgen lo mira a él y no a su hijo. San José, por el contrario, permanece ajeno a la escena, algo que se percibe también como habitual en el resto de composiciones expuestas.

La influencia que ejerció Rafael en sus acólitos queda puesta de manifiesto en La Virgen Munro of Novar, de Giulio Romano, quien no logra alcanzar la labor técnica de su maestro, si bien en La Sagrada Familia del roble denota un mayor interés en la ejecución.

Es, precisamente, Romano el protagonista de uno de los ámbitos temáticos de la exposición. Su talante, más independiente que el de Penni, le reportó la posibilidad de desarrollarse más como artista que como mero ayudante, por lo que a día de hoy se conserva más obra propia suya. Destaca La Circuncisión, en la que aborda la técnica de la grisalla en las columnas salomónicas que adornan la sala hipóstila en la que se desarrolla una escena poblada de personajes en diferentes actitudes. Resulta también interesante percatarse en el detalle del suelo marmóreo que adorna La Flagelación, en el que Romano demuestra su manejo de este motivo decorativo, como ya lo había hecho en la Sagrada Familia de Francisco I, encargada por el Papa León X a Rafael en una estrategia diplomática para servir como presente a Francisco I, rey de Francia. En esta pintura, siete figuras se reparten por en una escena plena de simbolismo dado que la cuna ha sido considerada una prefiguración del sepulcro de Cristo y la corona de flores que porta el ángel, de la Coronación de María.

Cierran la exposición los retratos que pintó Rafael durante sus últimos años de vida, algunos fruto de encargos y otros para sus amistades, como Baldassare Castiglione, en el que destaca la viveza de sus ojos azules en un lienzo en el que predomina una paleta grisácea. De gran trascendencia es Autorretrato con Giulio Romano, en el que el pintor de Urbino se representó junto a su discípulo poco antes de su muerte con el pelo largo y de pie mientras apoya su mano izquierda como señal de protección sobre el hombro de Romano, quien se gira hacia su maestro en un gesto de respeto y devoción.

Un espacio dedicado a La Transfiguración, que se encuentra actualmente expuesta en los Museos Vaticanos, sirve para dar por concluido el recorrido por la última producción artística de Rafael, maestro de maestros.

Información sobre la exposición:

Lugar: Museo del Prado

Fechas: hasta el 16 de septiembre.

Horarios: de lunes a sábado de 10:00 a 20:00 horas / domingos y festivos de 10:00 a 19:00 horas.

Entrada: 12 euros.
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