Sin autonomías, mejor
jueves 21 de junio de 2012, 20:29h
Hasta hace bien poco, quienes no considerábamos ideal nuestro establecido sistema de Comunidades Autónomas como camino elegido de descentralización nos convertíamos en objetivo de las más absurdas descalificaciones. Olvidando, por parte de los acusadores, que poca relación existe democracia y autonomías. Todo lo más que se nos permitía era la tímida denuncia sobre un Estado central cada vez más empequeñecido por las apetencias, cesiones y hasta gestos constitucionalmente dudosos. De ahí resultaba “científicamente” peligroso pasar. Son conocidos los casos en que la condena al infierno o al destierro ha recaído entre algunos profesores o escritores.
Pero las circunstancias han cambiado. Durante todo el proceso de reordenación económica que nuestro país ha vivido en estos meses, desde dentro y, sobre todo, desde fuera (Unión Europea) llegaba la advertencia de que no puede continuar tal cual el sistema autonómico, tal como lo veníamos padeciendo. Era y es imposible un Estado con diecisiete autonomías prestas a la desvertebración. El localismo que denunciara Ortega en su “España invertebrada” parecía volver a la realidad actual. Y, por fin, surgen las opiniones políticas sobre el tema.
Especial y laudable interés posee el anuncio de la Presidenta Esperanza Aguirre de reducir nada menos que a la mitad el número de diputados regionales para el inmediato futuro. Quienes ven en peligro sus sillones no han tardado en clamar. ¡Qué le vamos a hacer! Piénsese que, con datos en la mano, el hecho de adelgazar las Cortes autonómicas ahorraría ciento setenta millones de euros al año. Más aún. Si el ejemplo de Aguirre se llevara a cabo en todas las Comunidades Autónomas, se eliminarían más de seiscientos escaños. Y no solamente diputados. Hay que unir los llamados “asesores regionales”, los Consejos Asesores, las Oficinas (¿Embajadores?) y un largo etcétera de todos conocido.
Por supuesto, estamos ante una cuestión nada fácil. La supresión de golpe casa mal tanto con el concepto de “nacionalidades”, cuanto con el Título VIII de la vigente Constitución. Pero no se olvide que esta permite la amplia reforma. No es la Biblia. Naturalmente, surgirá un largo rosario de discrepancias. Realmente no es una reforma total lo que aquí proponemos. Pero sí el paso decisivo que llama a reducir. Y, en esta línea, no vendrían nada mal similares recortes en los órganos ejecutivos de las Comunidades. Estos Gobiernos regionales también deben reducirse. No pasaría nada grave.
|
Catedrático de Derecho Político
|
|