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Construir el Estado

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
sábado 23 de junio de 2012, 19:56h
Hace pocos días la justicia tunecina condenó al ex-presidente Ben Ali por la muerte de cuatro jóvenes que murieron por disparos de bala cuando intentaron detener a su sobrino, Kais Ben Ali, en la madrugada de entre los días 15 y 16 de enero del 2011. Con esta condena, Ben Ali ya lleva acumulados más de 60 años de prisión, que logra eludir porque está refugiado en Arabia Saudí. Mientras su esposa publica un libro de memorias, Túnez lucha a brazo partido por construir un Estado post-revolucionario.

Es necesario reconstruir el sistema educativo básico, las universidades, la policía y los servicios de inteligencia, la Administración de Justicia... Los años de Ben Ali han dejado un profunda huella en las instituciones tunecinas. Aún quedan muchos que colaboraron -por interés o por convicción- con el depuesto presidente. Se habla a menudo de una Justicia transicional que esclarezca hasta dónde llegaron las responsabilidades del antiguo régimen y reconozca a las víctimas de la represión política. Un grupo de tunecinos pedía esta semana en Bruselas la depuración de los servicios consulares de partidarios del presidente depuesto. Los carnés de identidad nacional se sustituyen por los carnés nacionales de identidad. El viejo Estado tunecino está cerrado por derribo y apenas vemos el solar en que se está erigiendo el nuevo.

Los salafistas, que ya existían en Túnez antes de la caída de Ben Ali, están ahora crecidos y su presencia se deja sentir cada vez con mayor fuerza en las calles. Esta semana ha habido violentos incidentes en Túnez capital y en Susa. El Gobierno dictó el toque de queda en Monastir, Jendouba y Ben Guerdane.

Sin embargo, en el periodismo, las corporaciones profesionales, las organizaciones empresariales y, en general, en la sociedad civil tunecina se respira cierto optimismo. Los intentos de imponer la ley islámica por parte de Nahda, el partido en el Gobierno, han fracasado y los jóvenes siguen teniendo la capacidad de movilización que, gracias a las redes sociales, encendió la mecha de las revueltas árabes en 2011.

Así, en Túnez es necesario construir el Estado de nuevo sobre unos fundamentos democráticos y legítimos. Día a día se celebran asambleas, reuniones y la actividad política es incesante. La condena de Nabil Karaoui, director de la cadena de televisión privada Nessma, por haber emitido la película Persépolis en que se muestra una imagen de Alá, ha desatado la polémica entre laicos y religiosos, moderados y radicales, acusadores y defensores. Sin embargo, un debate que antes se hubiese silenciado o que simplemente no se hubiese producido, recorre ahora las redes sociales, los periódicos y los canales de televisión y radio. Los moderados defienden con firmeza los logros de la revolución y hay una geometría variable -como decía Rafil Souidi- de la oposición tunecina.

Nadie sabe qué va a pasar en Túnez. Cada semana que pasa el retroceso se convierte en un avance que retrocede de nuevo a la siguiente. Tal vez estemos adelantando los acontecimientos. El país de menos extensión de todo el Magreb es el laboratorio de pruebas de un Estado post-autoritario.

Ojalá salga bien.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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