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Jugada desesperada (pero inteligente) de Rajoy

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 27 de junio de 2012, 20:12h
A estas alturas del partido, ya no importan demasiado los culpables de la crisis: si la pasividad ante la burbuja inmobiliaria; si la complicidad del Banco Central Europeo para promoverla con sus bajos tipos de interés, como convenía a Alemania; si la voracidad a corto plazo de la Banca por lograr beneficios inmediatos; si la estulticia iluminada del Gobierno Zapatero; si la incomprensión de la magnitud del problema por la oposición y posterior Gobierno de Rajoy. Ahora, tanto da.

Porque estamos en una situación en la que debemos reducir el gasto público porque estamos endeudados, pero los mercados penalizan el ajuste porque impide el crecimiento. Y no podemos pedir financiación para el crecimiento, porque los mercados penalizan la deuda. Si recortamos, desincentivamos el consumo y generamos paro (por lo que Moody’s y compañía nos tiran de las orejas); y si no ajustamos, la misma Moody’s o similares también nos castigan, porque mantenemos el déficit. Si nuestros bancos son solventes, se penaliza su rating por el contagio del Estado; y si el Estado cae en la duda, los perseguidos son los bancos.

Es una situación de imposible salida, por buena voluntad y sacrificios que se pongan en la mesa de los mercados. Porque han decidido que nuestro camino es la insolvencia, y hacen todo lo posible para que caigamos en ella. Y están a punto de lograrlo, de forma obsesiva y casi suicida. Porque una financiación favorable (y, ojo, el capitalismo es crédito) permitiría la recuperación, la reducción del paro y la capacidad de devolver la deuda y pagar menos intereses por ella. Lo que sucede es que se ha decidido que cualquier Estado de la Europa central puede financiarse a bajo coste (Alemania, al casi cero por ciento), pero España debe pagar una enormidad por esa misma financiación. Lo que impide la propia salida del bache.
Estamos en un punto en que es la propia Europa, con sus socios principales de referencia, aquellos que salieron de su estancamiento con la misma política monetaria que nos hundió a nosotros, se pongan ahora las pilas. Que España tiene que hacer los deberes va de suyo, y está aceptado (siempre con las resistencias lógicas de quienes se ven perjudicados). Pero que esto ya no es una cuestión española, también está claro.

Las instituciones europeas son más lentas que el caballo del malo. Ya lo dijo nuestro ministro Margallo, cuando comentó que Merkel siempre llegaba un cuarto de hora tarde para afrontar los problemas. Y es totalmente cierto. Llega tarde, porque mientras llega o duda, Alemania se beneficia y ella misma gana puntos electorales. Por eso, cuando acepta por fin un mini plan de incentivación al crecimiento (para salvar la cara a Hollande), los mercados pasan sin inmutarse. Y cuando flexibilice su postura sobre el formato de financiación a la Banca española también será tarde, y los mercados exigirán más, la mutualización europea de la deuda. Y como tarde en aceptar ésta, tampoco servirá de nada, porque pedirán la cabeza del propio euro.

Europa es un proyecto ambicioso, pero parece un niño que es tan grande que no puede andar. Y si se cae, dará en el suelo con sus miembros (pongamos España) pero también con la cabeza (pongamos Alemania). Y sería injusto para los dos, porque ni España lo ha hecho todo mal, ni Alemania puede pasar por la mala, cuando tanto y tan generosamente ha ayudado a la construcción europea, y tanto ha contribuido a la solidaridad.

Pero ahora, esa misma Alemania no puede ser tan ciega como para no darse cuenta de que esta empresa europea es colectiva, y si fue ella quien aportó las bases del crecimiento moderno de España, también los españoles compramos sus mercedes y sus bmw,s. Y si su hegemonía económica tiró de todos, también su control sobre el Banco Central Europeo ha hecho que en este club de iguales que es Europa, unos sean más iguales que otros.

España está casi en el abismo, pero cogida a la espalda de Europa. Si nos caemos, alguno más caerá con nosotros. Y ésa me parece (imposible saberlo con certeza) la posición del Gobierno. Da la impresión de que se empieza a dar cuenta de que los mercados y el corazón alemán de Europa se han tornado insaciables. Les demos lo que les demos, hasta la miseria total, será siempre poco, que parecen nacionalistas los mercados. Pues cuanto más miseria tengamos, más despreciables seremos (y solo hay que ver cómo crece el independentismo catalán, a costa de la desgracia colectiva).

Por ello, la única jugada posible, desesperada pero inteligente, es pasar la patata caliente al adversario, para ver si se da cuenta alguna vez de lo que quema en la mano. Por eso, Rajoy hace menos ajustes (aunque no tenga más remedio que seguir generando esas noticias) de los que le exigen por doquier: expulsión de funcionarios, confiscación fiscal, liquidación estructural del Estado… y mira a Bruselas como diciendo: ¿Hacéis algo, o cerramos el chiringuito?

Empezaba así esta columna: ya no se trata de buscar el malo de la película, sino cómo atravesar el desierto. Y todas las cantimploras están en Bruselas y, si se descuida, hasta se les van a evaporar a sus gestores, a esos políticos miopes y tecnócratas interesados que creen que es su momento, el momento de la muerte de la política representativa y el nacimiento de la aristocracia burocrática, que es la que sabe lo que hay que hacer, y no esos ciudadanos indocumentados que piensan que pueden dirigir sus destinos.

Antes, los temores eran sobre golpes de Estado militares. Ahora, los golpes de Estado vienen de las consultoras que saben lo que le conviene al pueblo, lógicamente sin que opine el pueblo. Y nosotros, mientras tanto, sumidos en un debate suicida de deslegitimación política e institucional. Luego salen fascistas o comunistas, y nos extrañará.

Pero no desesperemos. Quizá esa Europa entre en razón, ya que parece que España, a trancas y barrancas, va entrando en ella.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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