El último
número de la publicación del órgano regulador, el primero emitido bajo la presidencia de Luis María Linde, recoge dos evoluciones importantes.
primera es que “la información más reciente, referida al segundo trimestre, apunta a que
la actividad ha seguido disminuyendo a un ritmo más intenso”. La segunda es que el endeudamiento privado se está contrayendo.
Vamos a comenzar con la descripción de la caída, más intensa, de la actividad económica.
Caen, nos recuerda el BdE, “los indicadores que miden la confianza de los hogares y de los comerciantes minoristas” por debajo de lo que indicaban en el primer trimestre. Y los datos cuantitativos van en el mismo sentido: matriculaciones de vehículos, indicador de bienes y servicios de grandes empresas de la Agencia Tributaria, índice de comercio al por menor... Todos los indicios recogen una caída más pronunciada del consumo.
Las importaciones, que afectan tanto al consumo como a la inversión, van en el mismo sentido:
“Las importaciones reales descendieron de forma más acusada (un –7,2 por ciento interanual en abril), lo que refleja la debilidad de la demanda nacional, con caídas más intensas de las compras de bienes de consumo duradero y de bienes de equipo”. Precisamente en el caso de los bienes de equipo “los indicadores disponibles confirman la debilidad de este componente de la demanda en el segundo trimestre. El ritmo de caída de la producción industrial de estos bienes se incrementó en casi cuatro puntos en abril, hasta un 13 por ciento interanual, al tiempo que la tasa intermensual registró un retroceso del 4 por ciento en términos de la serie ajustada de estacionalidad”.
No sigamos extractando al respecto el informe del BdE.
El panorama que muestran estos trazos gruesos son una caída en el consumo, que enseguida precisaremos, y un abandono de la inversión en bienes de capital, que es característica de los ciclos económicos. Pero es interesante un segundo aspecto del informe, que ya hemos mencionado.
Dice el informe: “
Los pasivos de las familias se redujeron, en abril, un 2,9 por ciento respecto al mismo período del año anterior, 0,2 pp más que el mes precedente. La desagregación por finalidades muestra una tasa de caída interanual de los créditos para adquisición de vivienda del 2,2 por ciento, y del 5,5 para los destinados al consumo y otros fines, lo que supone, en ambos casos dos décimas más que las reducciones experimentadas en marzo”. Mientras que el endeudamiento público sigue creciendo a un pavoroso ritmo del 13,3 por ciento.
Es decir, que la economía española está realizando los ajustes necesarios, uno de los cuales es el desapalancamiento de las economías privadas, hogares y empresas. El consumo tiene un peso demasiado grande en el PIB como para que ser representativo de la verdadera evolución de la producción. Los hogares retraen el consumo para ajustar sus deudas, lo cual asienta la recuperación futura. En definitiva, aunque parecen malas noticias en realidad son signos visibles de la recuperación.