Por una sanidad pública de calidad
martes 03 de julio de 2012, 00:07h
Ayer era el primer día en que se aplicaba el llamado “copago” farmacéutico, por el que habrá que abonar parte de los fármacos prescritos. Previamente, Sanidad había hecho una nueva lista de medicamentos no sufragados, con en fin de paliar el gasto farmacéutico. Y todo esto coincidía con un lunes histórico para la sanidad pública española: en toda la Unión Europea se realizan de media 80 trasplantes al día; sólo en España, ayer, se llevaron a cabo 36. No sólo hay que valorar la complejidad de las intervenciones quirúrgicas en sí mismas, que también, sino la coordinación entre 27 centros hospitalarios de 8 autonomías diferentes. Todo un logro.
Con todo, no es ésta la única faceta en la que destaca la sanidad pública española. De hecho, aquí se da el curioso fenómeno del llamado “turismo sanitario”, por el que personas de medio mundo vienen a tratarse a hospitales públicos españoles. Por algo será. El horizonte inmediato, sin embargo, plantea más de un interrogante. Básicamente, no hay dinero y ello ha obligado al Gobierno a hacer una serie de recortes tan impopulares como necesarios para la subsistencia del sistema. Se han cerrado algunos centros, se ha reducido el horario de otros y no se han renovado muchos contratos. Sería absurdo pensar que todo ello no redundará en un menoscabo de la calidad asistencial. Pero es eso o el colapso. Estado y comunidades autónomas están haciendo lo posible por paliar la actual situación. No basta. De momento, tendremos la sanidad pública que nos podamos permitir y, una vez apagado el actual incendio presupuestario, será imperativo recuperar una calidad asistencial valorada en todo el mundo, y a la que no se debe de renunciar.