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Un discurso de esperanza

jueves 17 de abril de 2008, 20:08h
La lucha por la sucesión en el derrotado Partido Popular, que los medios de comunicación empiezan a considerar como un hecho consumado, no era en absoluto evidente hace poco más de una semana. Como nadie ignora, esta situación se ha precipitado en torno al discurso que la presidenta de la Comunidad de Madrid, dictó en el Foro de ABC el pasado 7 de abril y que se interpretó inmediatamente como la escenificación pública de su deseo de postularse como candidata a la presidencia del partido. La propia Esperanza Aguirre no lo ha desmentido, pero me pregunto si el éxito que ha tenido en provocar el debate sobre el liderazgo en su partido no amenaza con hacer fracasar lo que el discurso declara como verdaderamente decisivo y urgente: el debate de ideas. Hasta el momento, con alguna excepción de columnista irritado, el silencio unánime ha respondido a los planteamientos y propuestas del discurso, de una claridad en los planteamientos que no suele ser frecuente. Hablemos, pues, del discurso.

Se trata de un notable análisis del fracaso electoral del PP, que imputa menos a los aciertos ajenos que a errores propios. Al “dulce” fracaso, al casi-no-fracaso que enarbolan Rajoy y el aparato del partido, opone Esperanza Aguirre un fracaso sin calificativos que se sustancia en fallos de estrategia, de imagen y de ideología. Los hasta quince “no me resigno” que un periodista de un prestigioso diario interpretó -a mi juicio, tendenciosamente- como “otras tantas cargas de profundidad contra el líder del partido”, contienen el diagnóstico de los errores, por ejemplo, no haber afrontado el debate sobre la memoria histórica que propuso Zapatero, desmarcándose del pasado franquista que el Partido Socialista imputaba al PP. La clave política para el futuro, concluye Aguirre, es ganar el centro del espectro electoral, el millón de votos nómadas, que no habrían ido al PP porque no se supo dar una imagen moderna, simpática, de partido abierto y liberal.

El discurso terminaba emplazando a sus oyentes -que eran precisamente sus iguales en el partido, incluido Rajoy- a debatir en el próximo congreso “los principios ideológicos y líneas programáticas” capaces de aportar una renovación ideológica que Aguirre afirma en clave liberal. Pasar de la resignación a la batalla. A juzgar por las primeras reacciones, da la impresión de que los únicos bollos que se van a cocinar en los hornos del partido son los relativos a quién va a mandar en el mismo. Y sin embargo, Aguirre acierta al plantear el debate y plantearlo en el terreno de las ideas. La cuestión no es sólo diseñar la táctica de oposición que le toca jugar en los próximos años. Por definición, la iniciativa la lleva el gobierno. De ahí que sea prioritario dar al electorado la impresión de que hay una forma de entender y hacer la política distinta de la que propone el partido ganador, no sólo opuesta. Es fundamental debatir y elaborar una imagen positiva, no reactiva: ideales y metas de gobierno que ofrece un partido a la sociedad civil.

No es fácil. En España hoy se ganan las elecciones cuando te vota el centro. Y el centro es “moderno”, pero, y en esto no acierta Esperanza, no es liberal. Es curioso, pero el liberalismo tiene en España mala prensa, aunque la inmensa mayoría de sus conquistas históricas estén tan incorporadas, tan asimiladas, que ni siquiera parecen liberales... sino... socialistas. Por ejemplo, nadie parece tener presente que la convivencia organizada en base al Estado de derecho es, precisamente, una conquista liberal. Es éste un problema estructural que el PP tardará en resolver. Sus teóricos, si es que el debate tan oportunamente lanzado por Esperanza Aguirre tiene por fin lugar, se hallarán ante un reto, que es en realidad un problema histórico específicamente español: conciliar la reivindicación de la modernidad con una nueva concepción del liberalismo que sea capaz de lavar su mala imagen. Todo un reto en el momento en que el nuevo gobierno de la nación inicia su andadura bajo la bandera única de la igualdad. ¿Significa esto que la libertad queda abandonada a su suerte?

José Lasaga

Doctor en Filosofía

José Lasaga Medina es Catedrático de Filosofía.

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