Los gestos falsamente no triunfalistas de Mariano Rajoy a la vuelta de Bruselas no podían esconder la enorme satisfacción con que regresaba el presidente español de la decisiva cumbre europea. Él y Monti venían con un pleno al tres, las tres grandes peticiones que llevaban bajo el brazo: Compra de títulos de deuda por el fondo europeo de rescate, intervención directa de los bancos en problemas sin que la deuda se cargase sobre el Reino de España, y que el fondo de rescate no tuviese prioridad sobre otros acreedores.
La prima, ahora sí, debería bajar. Y lo hizo. Muy moderadamente. Pero se mantiene, con empecinada obstinación, por encima de los 450 puntos básicos. Mientras debatimos si lo ocurrido en Bruselas es suficientemente positivo o no para España, Irlanda ha sido la gran beneficiada por estos cambios. Irlanda, recordémoslo, está intervenida. Cuando vio que no podía financiarse en el mercado,
recurrió al rescate por parte de la Comisión, el BCE y el FMI, en el que había caído antes Grecia y caería más tarde Portugal.
Eso se acabó. Tras la cumbre europea,
el interés de los bonos a 10 años de Irlanda comenzaron a bajar. Cayeron, incluso, por debajo de los títulos españoles. Nuestra prima de riesgo es ahora mayor. Si en esas condiciones nosotros nos financiamos ganándonos la confianza, bien que un poco cara, de los ahorradores mundiales, ¿por qué no Irlanda? Efectivamente, por qué no. Irlanda, de hecho, se ha vuelto a lanzar a la piscina, en la confianza de que habría agua. Una cantidad relativamente pequeña: 500 millones de euros. Los ha colocado sin mayor problema. Bien es cierto que son títulos a un plazo de tres años. Pero dada la magnitud del problema financiero de aquél país, con sus mayores bancos en manos del gobierno y dos de ellos (Anglo Irish Bank e Irish Nationwide Building Society) calificados como “bancos muertos”, es importante.
Irlanda siempre se comparó con España. Tanto en el boom como en la crisis. Ambos países estaban muy bancalizados y habían pasado por una enorme burbuja inmobiliaria. Sólo que el problema era más acusado en Irlanda, donde además el Gobierno asumió, irresponsablemente, la garantía de todos los depósitos de sus bancos abocados a la quiebra.
Irlanda fue rescatada, pero el peso de la deuda recayó sobre su Estado. El acuerdo firmado con España, por el que los 100.000 millones no recaerán sobre nuestro Tesoro, les abre nuevas perspectivas.
En la vuelta de los títulos del tesoro irlandés al mercado pesan, como no podía ser menos, las perspectivas de recuperación económica. Como en el
caso del Báltico y de Suecia, Irlanda ha optado por la austeridad y las reformas, y empieza a salir del
agujero de la intervención.