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Marruecos: Un esbozo del reinado de Mohamed VI

Víctor Morales Lezcano
viernes 06 de julio de 2012, 20:35h
Cuando desaparece el difunto Hassan II de la escena histórica de Marruecos, su primogénito -Mohamed VI- asciende al trono mediante el “espaldarazo” legitimador que supone la beia que proporcionan al descendiente del finado los ulemas y dignidades cortesanas: o sea, el Mazjen.

En puridad, nunca ha sido tarea fácil, cuando no, incómoda, suceder a un Padre que, como Hassan II, encarnó la concepción de la monarquía de derecho divino y defendió la noción del Rey en cuanto unificador de las dispersas provincias del otrora viejo imperio de Marruecos. En rigor, a Mohamed VI le regaló una complicada herencia una señora muy amoral, llamada Doña Historia.

A partir de este telón de fondo, resulta bastante contextualizable el período del reinado de Mohamed VI (1999-2012) que queda a sus espaldas, si contemplado desde hoy en día. Desde el inicio del reinado, hasta aproximadamente los años 2005/ 2006, el monarca impulsó una operación de “lavado de cara” que tuvo impacto alentador en el pueblo marroquí y en la opinión internacional. La erradicación del todopoderoso ministro Driss Basri y la promulgación del código regulador de los derechos de la ciudadanía -de la mujer en particular- fueron pasos adelante muy apreciados en los círculos feministas de Occidente. Y el indulto concedido por el nuevo rey al jeque espiritual Yassin, cabeza visible de una corriente islámica crítica con la monarquía y sus dispendios, a quien Hassan II había condenado al ostracismo, tuvo un impacto favorable en la imagen del Trono. Como lo mismo había ocurrido también con Abraham Serfaty, opositor nato al sistema político imperante en Marruecos desde que la nación obtuviera la independencia en 1956.

Sin embargo, a lo largo de los últimos años del primer decenio del siglo XXI, se perfiló un período durante el cual Marruecos empezó a afincarse en un estancamiento político, aunque no económico. Ello favoreció la continuidad -y hasta la reproducción ampliada- de rutinas y prácticas deshonestas enraizadas en la sociedad marroquí desde illo tempore.

Los cambios políticos que trajeron las sucesivas elecciones locales y parlamentarias modificaron sensiblemente la inclinación al abuso de prácticas clientelares, consentidas tanto por el estado mayor de la socialdemocracia como por los conservadores nacionalistas del inveterado Istiqlal.

Cuando esta dinámica parecía enrocada en el seno de la sociedad, la “primavera árabe”, a partir de diciembre de 2010-enero de 2011, vino a catalizar visiblemente el panorama de todo el norte de África, desde Egipto y Túnez hasta Libia y Marruecos.

A diferencia, empero, de las agitaciones populares que tuvieron lugar en Egipto y Túnez, por no hablar aquí, y de nuevo, de la guerra en Libia (marzo-octubre), Mohamed VI pareció captar el riesgo que se avecinaba en su propio país -por efecto previsible de diseminación contagiosa de las revueltas- y salió al paso de la amenaza con un discurso sonado, prometiendo reformar la Constitución, ampliar las libertades y garantizar a la nación unas buenas prácticas de gobernación. La aprobación de la reforma constitucional -a propuesta del Rey- por la ciudadanía y las Cámaras del Reino tuvo un carácter precipitado, más parecido a una tramitación de urgencia que a una transición desde arriba bien pensada.

En medio de la agitación popular (movimiento juvenil del 20 de Febrero) y política (debida al ascenso del Partido islamo-moderado, llamado de la Justicia y del Desarrollo -PJD-) que brotó en el año 2010, cabe destacar la elección general celebrada en el mes de noviembre de 2011, que hizo de Abdelilah Benkiran el primer ministro islamista del Reino.

De esta manera, el Trono alauí ha conseguido, una vez más, adaptarse a la hora que marca el reloj de las cambiantes circunstancias históricas; evitando de este modo que Marruecos fuese vapuleado por una “primavera árabe” que, en cualquier caso, ha favorecido las opciones islamistas -moderadas o radicales- en todo el Magreb (a excepción de Argelia) y en Egipto mismo.

En la proyección internacional del Reino, Marruecos parece que ha disminuido el peso de su importancia dentro del Mundo Árabe, aunque las relaciones con Francia y España (a la larga, con la Unión Europea), sigan siendo prioritarias para la economía de la nación. Mientras que la inveterada amistad con Estados Unidos de América continúa su consolidación en terrenos como el diplomático, militar y financiero.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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