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Las dos velocidades

domingo 08 de julio de 2012, 22:05h
Al final de su vida el gran escritor y Premio Nobel Aldous Huxley experimentó ingiriendo mexcalina para escribir “Los umbrales de la percepción”, la descripción de las sensaciones sicodélicas que se producían en la mente humana bajo el efecto de las drogas, siempre consideré a Huxley como un avanzado, una especie de “abrelatas” para abrir las mentes de los adolescentes y posibilitarles así la asimilación posterior de la alta literatura, además ese fue sin duda mi sistema, mi método.

Hay momentos en los que sin tomar mexcalina ni otras drogas el cerebro humano nos ofrece pulsiones, sensaciones, palpitaciones extrañas alejadas de lo que normalmente percibimos. Creo que estoy en una de esas fases. Quizá me parezco a Huxley en que soy viejo, viejo pero sin su talento prodigioso.

Mis umbrales de la percepción posteriores a la jubilación es como si la vida y yo “fuéramos a distintas velocidades”. No siempre me ocurre pero hay días en que siento esta sensación muy intensamente. Ya no tengo que competir con los demás, no me tengo que esforzar en mi trabajo, literariamente a lo largo de mi extensa vida he conseguido un techo que me parece razonable y por lo tanto satisfactorio, he viajado por casi todo el mundo, he conocido la fama y los aplausos, también la paternidad, el calor de un hogar estable, desahogado y con unos padres ejemplares y amorosos, la alegría de la juventud y de los primeros amores – los mejores –, el apasionante mundo de la segunda mitad del siglo XX, he leído a buenos autores, he tenido buenos profesores en ICADE, una promoción compacta y muy unida, el placer de interpretar en mi “vieja pianola”, de vivir buena parte de mi vida en un país estable, próspero y lleno de ilusión, sin un solo parado, de tener buenos amigos, ¿qué más puedo pedir a la vida, si a eso le unimos el ser creyente en un más allá de la muerte donde podemos alcanzar la felicidad, la beatitud y la paz eterna?.

Pues bien, como les decía la sensación sicodélica que me embarga ahora con frecuencia al no tener ya que competir con nadie, ni luchar contra nada, ni ambicionar nada, es como si la vida de pronto fuera a otra velocidad, sí amigos, la vida, la vida que me rodea, el tiempo para ser más exactos. Yo me muevo a un ritmo diferente y eso llega a producirme zozobra y hasta desesperación, después de haberlo conseguido todo es como la certidumbre de “que esta última parte de la vida me sobrara”, sí, que me sobra y por lo tanto a no ser que consiga algo que me ilusione podría llegar a transformarse en una tortura.

Me he caído del tren de la vida, de la vida de los demás y esta sigue su marcha a toda velocidad mientras yo veo estupefacto como sigue esa marcha frenética, la marcha de los demás subidos a ese tren de alta velocidad lanzado hacia Dios sabe donde, pues en realidad ni sé por qué va (van) a esa velocidad ni por qué yo me he parado.

Después de haber tenido todo los que les he contado ¿qué puede hacerme ilusión? Mi próximo libro ya está en marcha, los presentadores también, la sala bellísima donde será presentado está asimismo a la espera, comprendo a Leo Messi, el gran jugador, que cuenta en sus memorias que cuando sale del campo de futbol se pasa el día durmiendo, su hermano Rodrigo le prepara la comida, prepara y distribuye a sus guardaespaldas e invierte debidamente sus inmensas fortunas. A Leo Messi todo le aburre, es incapaz de leer un libro, de jugar a nada, de hacer ningún proyecto, solo duerme y duerme gigantescas siestas y noches interminables, duerme tanto para aburrirse lo menos posible. Ven, lectores, yo también duermo mucho, en ese aspecto me parezco a Leo Messi y duermo porque mientras duermo no pienso ni siento, quemo el tiempo que me quema, que me puede matar… que me sobra. Severo Ochoa, el nobel, lloraba sobre la tumba de su mujer porque se le habían muerto todos los amigos, lo mío es semejante pero diferente, es una tristeza seca, sin lágrimas, la tristeza de que se me ha escapado la vida y que tengo que hacer un esfuerzo gigantesco e imposible para luchar “conmigo mismo”, para ir a nadar a “la piscina climatizada”, para caminar solo, para ir al gimnasio, para evitar que el “parkinsonismo” que me va paralizando acabe paralizándome del todo.

La vida y yo vamos a dos velocidades diferentes, es como mirar la realidad a través de una lente desenfocada, bizca, créanme, muy desagradable, menos mal que no todos los días me ocurre….. pero no olviden jamás que la vida no es un “valle de rosas” y que se puede estar forrado, sin nada que hacer en todo el día, sin ninguna adversidad ni competencia, sin ningún dolor, y estar profundamente aburrido… desesperado .
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