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Flic! Libros que merece la pena salir a buscar

miércoles 11 de julio de 2012, 20:35h
Uno de los términos recogidos en el peculiar Diccionario del Diablo, es el de “independiente”. Su autor, Ambrose Bierce, aclara, en todo caso, que la acepción es “política” y su definición, siempre tan cínicamente certera, dice que independiente es “alguien que padece de amor propio y es adicto al vicio de la independencia”. Concluye: “Es un término despectivo”. Por desgracia, aunque cada vez menos, no sólo en política el término resulta en ocasiones despectivo. Si nos trasladamos al mundo de la cultura, la frontera entre el paisaje positivo y el negativo de una obra independiente se torna bastante más difusa. Son todavía muchos los que identifican independiente con raro. En el mejor de los casos, solo con complicado.

En el cine, como siempre, la primera y la última palabra en eso de formar un verdadero concepto, más bien, una opinión, llegó desde Estados Unidos, a pesar de que en Europa sean muchos los filmes de carácter independiente nacidos antes de que se pusiera de moda el mercado indi, representado ahora con mayor intensidad desde que algunos míticos actores de Hollywood, como Robert Redford, decidieran asomarse a ese cine que no se cocinaba en los hornos de los todopoderosos estudios de siempre, para encontrar un petróleo hasta entonces desaprovechado.

Fue la chispa de la que prendió el Festival de Sundance, primera plataforma de peso que se lanzó a enseñar esos productos que no llegaban a las salas porque no contaban con el respaldo de las grandes compañías del celuloide, algo nuevo que apostaba por un cine real pero invisible. Más tarde, el éxito de algunas de esas cintas que lograron llegar al gran público e incluso hacerse con galardones de renombre, sirvió para romper algunas barreras. No todas, claro, aunque cualquier visión más amplia en el arte, la política y, en definitiva, en la vida, sea siempre bienvenida. Aún así, la pesada maquinaria de los estudios importantes, que se traduce, entre otras cosas, en enormes campañas de promoción, sigue dejando sin demasiado espacio a esos otros filmes que salen de hornos más humildes, pero que cuentan con cualquier ingrediente de calidad con el que pueda venir cocinado uno comercial y, además, con la pasión y el amor que sus creadores han espolvoreado, como arma para combatir la falta de medios económicos y de publicidad.

Si en el cine hay por el mundo una infinidad de buenas historias maravillosamente contadas que, sin embargo, no llegan al espectador, qué decir si trasladamos esta realidad al universo del libro. Imposible de calcular. Están en la cara oculta de la luna. La luna de las estanterías de las novedades editoriales, de las mesas de las grandes superficies y hasta de la lista informatizada de algunas de esas librerías, donde antes uno se dejaba recomendar por el librero que, por supuesto, conocía tu género favorito y, en vez de en programas informáticos, tenía los títulos que más le habían gustado – con independencia del sello - en su propia mesilla de noche. ¿Se puede dar la vuelta a la luna? En la Plaza Porticada de Santander, lo han hecho durante cuatro días. Por primera vez, pero la luz ha brillado tanto que, desde luego, no será la última. Como en una especie de despertar, Flic! – Feria del Libro Independiente en Cantabria – ha reunido en 20 casetas esos libros que, sin el respaldo de grandes grupos editoriales, cuentan con menos posibilidades de llegar a su destinatario, el lector.

“¡Estamos aquí!”, parecían exclamar los libros. Y eran muchos, muchos libros, porque en Flic se han preocupado de que la luz alcanzase a la mayor cantidad posible y, así, ninguna caseta podía repetir un título que hubiera ya en otra. La gran oferta llamaba la atención. ¿Cómo puede haber tantos? Pues, señores, los hay. Esos y muchos más que están por llegar. Libros que no deberían perderse en el limbo literario, y no sólo porque detrás esté el esfuerzo de sus autores y editores. No. Sobre todo, porque ustedes, los lectores, se van a encontrar con ficciones, ensayos, poemas o ilustraciones que después pensarán que jamás hubieran querido perderse. Es cierto, de momento no están a mano y hay que salir a buscarlos, pero de verdad que ese pequeño esfuerzo merece la pena.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

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