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Triste panorama desde el puente

miércoles 11 de julio de 2012, 20:37h
El articulista comprende que la situación económica es muy complicada y que no existen recetas fáciles. Cuando escucha a los políticos de la oposición no puede menos que pensar: si la solución la ven tan clara, ¿por qué no lo hicieron hace seis meses cuando estaban en el gobierno? Carecen, pues, de cualquier credibilidad. En el caso de Izquierda Unida, sus portavoces pueden decir cualquier cosa porque saben que, hoy por hoy, no corren ningún peligro de tocar una brizna del poder decisorio. En el caso de Andalucía, buscan colocar a su propia gente, caen en contradicciones (contemplen la pareja Balderas v/s Gordillo) y han logrado prácticamente detener la vida administrativa; de buenas intenciones está sembrado el camino del infierno. UPD puede aprovechar cualquier río revuelto porque siempre quedará bien y sin peligro. Los partidos nacionalistas, pese a alguna cabeza pensante, construyen cada día su propio monumento a una suicida insolidaridad y quedan algunas voces folklóricas que cantan desafinando. Ése es el triste panorama de nuestra política.

Queda, claro es, el partido mayoritario. Un escritor conservador y monárquico francés (da igual ahora quién era) escribió en un libro, a poco de terminar la segunda gran guerra, que una reunión de personas inteligentes puede constituir un gobierno estúpido. Aceptado que no es seguro que todos sus miembros sean inteligentes (alguno, por ejemplo, no distinguió un nuevo automóvil de lujo que, curiosamente, se guardaba en su propio garaje; un segundo proviene de una de las empresas del mundo de la inversión causante de la crisis bancaria occidental; a otros se les olvida leer las propias leyes y disposiciones que afectan directamente a su responsabilidad), aceptada, pues, la discusión sobre la inteligencia, no hay duda de que el resultado del conjunto es un gobierno de escasa luz.

Al frente aparece, con gesto de caído del cielo por sorpresa, un presidente que no se atreve a ponerse ante una cámara, de sujetar un micrófono y de hablar directamente a los ciudadanos, no con la retórica parlamentaria y con la seguridad de que sus diputados en el ruedo parlamentario lo jalearán como a un José Tomás no vestido de luces. Quisiéramos verlo hablando al corazón de los españoles, explicando sinceramente lo que crea que sucede y los sacrificios solidarios que reclame. En cambio, en lugar de exigir una acción ejecutiva de la cabeza de la Iglesia española, se apunta, con la esperanza de que nadie aprovechará la ocasión para abuchearlo, a devolver un manuscrito robado en una catedral, cuando toda la historia huele a guión de Woody Allen, con unos mandos policiales que no hicieron caso a aquel de sus guardias que a las 48 horas dela desaparición de libro demarras ya hiciera un informe explicándolo todo, un clero que trabaja con dineronunca contabilizado, el descuido más doloso de los bienes históricos y una desorganización en lasdependenciasdel templo digna del juzgado deguardia.

Mientras tanto, altos responsables del partido hablan sin disimulo de falta de liderazgo y todos los viernes, una joven abogado del Estado, inexperta pero inteligente, sale a esquivar tiburones sobre un colchón neumático que, al menos, la mantiene a flote. Poco a poco el fuego la cerca y el sol más duro del verano va consumiéndola mientras contempla el peligro que acecha a su carrera política.
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