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Bendita crisis

Joaquín Albaicín
sábado 14 de julio de 2012, 21:45h
Siempre se ha dicho que no hay mal que por bien no venga, y, quizá por alinearme en la mesnada de los convencidos de que no cabe encarar peor crisis que la de valores, se me puede incluir entre quienes creen que la actual situación de postración económica contiene aspectos que permitirían considerarla casi una bendición.

Durante muchos años, en aras de favorecer la participación popular masiva en una enloquecida carrera hacia las más espúreas seguridades, se ha vivido una situación absurda. Ibas a tu banco de siempre. Aunque tu media de ingresos mensuales era bastante alta, la sucursal no te toleraba ni un descubierto de mil duros. ¿Mil duros? ¡Naranjas de la China! Llegaba el turno del siguiente en la cola. Ganaba ochenta mil pesetas mondas y lirondas. Pero, como podía presentar una nómina, le otorgaban sin problemas un crédito para comprarse un chalet con piscina, otro para hacerse con las llaves de un coche de alta gama, otro para el “Ferrari” de regalo para su hijo y, de remate, uno más para poder llevar a la familia de vacaciones a un hotel de cinco estrellas. La meta era algo así como demostrar que un dependiente podía ser, perfectamente, dueño de una cuadra de caballos de carreras… cuando la cuenta de la vieja bastaba para saber que, con un sueldo que da para garbanzos, es de todas, todas imposible mantener un “Ferrari” o un caballo, y que esos créditos no iban a poder ser reembolsados jamás. Como era de esperar, el voraz consumidor se ha visto transmutado, de la noche a la mañana, en producto de consumo para la gazuza de sus antiguos “benefactores”.

Del mundo del arte, ni hablemos. Se ha alcanzado una situación tan lamentable que la gente se desgañita porque a un peso pesado como Barceló le haya pagado el Estado una millonada por una obra… Sin que nadie musite ni mú a propósito de los millones y millones dedicados durante años a costear los pseudo proyectos de supuestos artistas cuya condición de tales sólo acredita el que ellos consideran serlo. No es que se haya bajado el listón. Es que el listón ha sido retirado.

¿Qué decir de la política? ¿Es consciente el ciudadano de que, desde hace lustros, el Estado subvenciona con bastantes miles de millones de euros anuales, procedentes de las arcas públicas, al PSOE, al PP, a Izquierda Unida, al PNV y a todos los partidos con representación parlamentaria? Ignoro por qué el Estado ha de sufragar sus “ideologías” –léase sus vidas cotidianas- a nadie. Esperemos que el sentido común retorne también a las filas de los togados y sus seguidores, de modo que, quienes -a fin de propiciar el triunfo de unos ideales- aspiren al gobierno de la nación, luchen por esas ideas suyas a la antigua –tirando sólo de bolsillos y entusiasmos privados, particularmente de los suyos propios- y en igualdad de condiciones con los demás.

Así pues, bendita sea la crisis, en la medida en que vaya a contribuir a un regreso de la normalidad por la vía de favorecer la reactualización de viejos y sanos valores como el axioma de que, para ser artista, antes de nada se ha de tener talento (y haberlo demostrado). Y, principalmente, el que señala el sacrificio, el esfuerzo, la constancia y la puesta en marcha de ideas como escalones ineludibles en el camino hacia la prosperidad, la comodidad, el reconocimiento y el éxito.

Como bien se pone de manifiesto en “El discurso del Rey”, de Tobe Hooper, el aplauso general nunca –ni siquiera para los más privilegiados por su cuna- ha salido gratis. Cuesta sangre, sudor y lágrimas.




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