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Un golpe de timón o la intervención

domingo 22 de julio de 2012, 10:22h
Las últimas actuaciones del Gobierno, unidas a la decisión de la eurozona de dar un apoyo financiero a nuestros bancos sin que la deuda pese sobre nuestro Tesoro deberían haber sido suficientes, ya que no para despejar todas las dudas, sí para ganar más tiempo ante los mercados mientras se toman otras medidas importantes que aún quedan pendientes. No ha sido así. La Bolsa y la cotización de nuestra deuda muestran que los mercados dan por hecha la intervención total de nuestro Estado.

Esta misma semana el Congreso ha aprobado lo que se ha calificado, de un modo un tanto rimbombante, el mayor ajuste de la historia democrática. Sin despreciar los ajustes aprobados, están aún muy lejos de lo que necesitan nuestras finanzas para enderezarse. Y, lo que es peor, muestran por parte del Gobierno que se está dispuesto a hacer recortes, siempre que no afecten a la abultada nómina de políticos y allegados que viven del Estado y cuyo servicio a la sociedad no justifica el puesto que ocupan, con su correspondiente partida presupuestaria. El techo de gasto para 2013, que prevé un aumento del gasto del 9,2 por ciento, llama al escándalo, al escándalo de los prestamistas que se refleja en los mercados.

A todo ello se suma el hecho de que ya hay una comunidad que se ha visto obligada a buscar la protección financiera del Gobierno para pagar sus facturas. Precisamente en el momento en el que el dadivoso ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, está dejando caer que el Estado puede encontrarse sin dinero para pagar nada menos que las nóminas de los funcionarios. Otras cinco podrían buscar el amparo del gobierno central. Por si todo ello fuera poco, el Gobierno ha tenido que presentar unas previsiones de evolución del PIB y del empleo que, a fuer de ser realistas, ofrecen un panorama desalentador.

Es cierto que el Gobierno tenía poco margen desde el comienzo. Pero parece cada vez más claro que no lo ha aprovechado convenientemente. El Gobierno apostó desde el primer consejo de ministros por subir los impuestos. Es tan cierto que contradice sus promesas y su ideario como que a la primera ocasión que tuvieron de contradecirlas, lo hicieron. Es una apuesta arriesgada. Más impuestos suponen menos crecimiento. Hacerlo en recesión no parece muy a propósito para allegar nuevos recursos. El camino seguro es el del recorte de gastos, pero Mariano Rajoy lo ha elegido muy tímidamente. Ahora, una de dos. O da un golpe de timón espectacular, que permita recuperar la credibilidad de nuestro Estado, o serán Bruselas y el FMI quienes lo hagan.
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