Turbulencias políticas en el Sudán occidental (I)
domingo 22 de julio de 2012, 17:12h
Ha saltado a la prensa internacional la cuestión de Mali a lo largo de las últimas semanas, a caballo entre los meses de junio-julio, como si la cuestión de marras fuese novedosa, no tuviera una génesis y no exigiera contextualización.
El primer -y muy prioritario- factor del asunto reside en el inmenso espacio del noroeste africano que se ha venido reconociendo con el genérico de Sudán occidental; o sea, la faja territorial que se extiende al sur del desierto del Sahara, entre el lago Chad y sus fronteras con los actuales estados de Mauritania y Senegal. Hablamos, pues, de vastas sabanas y estepas bautizadas como Sahel, dominios y territorios históricamente sometidos a una reiterada trashumancia humana y ganadera. Según la referencia de los viajeros y estudiosos de la Zona, Bilad al-Sudan era el umbral de la Tierra de Negros de que hablaban León el Africano y varias fuentes árabes oriundas del Magreb. Si no se tiene en cuenta este contexto de geografía humana y económica en poco -o en casi nada- se logrará captar lo que viene pasando en el Sahel de un tiempo a esta parte en un territorio expuesto a sequías y hambrunas cíclicas que han provocado desplazamientos tribales y ganaderos considerables.
El segundo factor a retener, pero no por ello menos importante, reside en la islamización a que el ámbito sahariano y la faja del Sahel se han visto expuestos desde las primeras incursiones del mundo musulmán a partir del norte de África; siendo los almorávides del Marruecos medieval los más conspicuos invasores del Sudán occidental durante la segunda mitad del siglo XI. Será a partir de entonces, muy en particular, cuando quede marcado el futuro de la Zona que nos concierne por un Islam omnipresente, luego trasnacional, y, finalmente, de signo interclasista.
Los anales nos recuerdan que, a lo largo y ancho del Sahel, se formaron imperios que, como los de Ghana, Gao y Mali mismo, se sucedieron durante los siglos XII-XVI. Agrupaciones políticas más efímeras y menos dominantes fueron las que cohesionaron pueblos nativos tales como los Bambara, los Peul y los Toucoleur hasta prácticamente la mitad del siglo XIX. Estamos ante un Islam de cofradías tan guerreras como místicas (sufíes) en todo el Sudán occidental, espacio predilecto del sistema comercial caravanero, al que, en cierta medida, sin embargo, permanecieron ajenos los Tuareg del Hoggar argelino y del sahariano Adrar de los Ifogas.
A partir de 1850, los exploradores europeos -y colonos más tarde- recorrieron, cartografiaron e iniciaron el establecimiento de puntos de referencia estratégicos al norte y al sur de los ríos Níger y Senegal (San Luis, Senegal y Bissau en la costa; Tombuctú, Gao, Niamey en el retropaís). La suerte estaba echada para el Sudán occidental, que devendría en consecuencia el África occidental francesa.
No procede relatar aquí los avatares del proceso colonial en el Sudán occidental, cuya importancia fue alta para la metrópoli en cuanto sirvió de engranaje territorial y marítimo -desde Nuakchot, pero sobre todo a partir de Dakar- entre Marsella y el Magreb; aunque el protectorado español en el norte de Marruecos y en el actual Sahara occidental supuso una discontinuidad de dominación para la república francesa. Ahora bien, como en la condición misma de los imperios está incrustado el fin de su duración histórica, el imperio francés se vino abajo desde el final de la segunda guerra mundial. Es justo a partir de las independencias nacionales, cuando se incuba la fragilidad no sólo del Mali actual, sino de los estados que se asientan en el Sahara y el Sahel.
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Historiador. Profesor emérito (UNED)
VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes
Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías
sobre España y el Magreb
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