mundo árabe
El príncipe Bandar bin Sultán asume el mando de los servicios secretos saudíes
martes 24 de julio de 2012, 12:41h
El que fuera embajador en Washington desde 1983 hasta 2005 Bandar bin Sultán, hijo del príncipe heredero Sultán bin Abdulaziz fallecido en 2011, ha destronado a Mokren bin Abdulaziz, que controlaba hasta ahora la maquinaria más importante del reino wahabita destinada a garantizar la seguridad y la estabilidad interna del aliado estratégico de Estados Unidos en la región medio-oriental. Bandar del clan de los Sudeiry se ha impuesto sobre Mokren del clan de los Chammar y muy cercano al rey Abdalá. Bandar bin Sultán es conocido por su amistad íntima con George Bush padre.
De los 453 descendientes del rey Abdulaziz bin Saud con sus 32 esposas legítimas, el clan de los Sudeiry lo componen quince de ellos, 10 hijos de su esposa Hassa y 5 de Al Jawhara, y controlan las riendas del reino wahabita. Exceptuando al actual rey Abdalá, hijo de otra esposa, Fahda bint Assi al Churaym, del clan de los Chammar, todos los puestos clave de Arabia saudita, finanzas, diplomacia, seguridad y Fuerzas Armadas.
“El relevo en el servicio de inteligencia saudí – afirma una fuente diplomática – tiene relación directa con la crisis en Damasco”. El destronado Mokren bin Abdulaziz se oponía abiertamente a la internacionalización de la crisis siria prevaleciendo una solución “únicamente árabe”, mientras que el príncipe Bandar es partidario de la intervención armada de una coalición internacional respaldada por la OTAN y Estados Unidos. Sin embargo ambos coinciden en el suministro de armas a la rebelión siria para hacer frente al Ejército de Bachar el Assad, opción excluída por Rusia y China.
En favor del nuevo jefe de los servicios de espionaje juega el hecho de pertenecer a una nueva generación. Bandar tiene 63 años y es hijo del que fuera Heredero Sultán bin Abdulaziz, hermanastro de Mokren, todos ellos octogenarios. El príncipe Bandar mantiene además el puesto de Secretario general del Consejo de Seguridad Nacional saudí, creado en 2005 tras una serie de atentados atribuidos a Al Qaeda, y en el que fue nombrado al dejar la embajada en Washington.
Arabia Saudita quiere recuperar un papel geopolítico más relevante en el tablero medio-oriental, que lo ha perdido estos últimos años en beneficio de Turquía e Irán. La mayor parte de movimientos islamistas, Enahda de Túnez, PJD de Marruecos, Hermanos Musulmanes de Egipto y de Libia, han accedido al poder gracias al apoyo internacional de todo tipo suministrado por Qatar, Estados Unidos, Francia y la OTAN. El reino saudita, principalmente el llamado clan ortodoxo wahabita y salafista quiere liderar una nueva “internacional islamista”, opuesta al chiismo iraní y al yihadismo qaidista. No hay que olvidar que el actual jefe de los servicios saudíes inspiró la milicia libanesa Fatah el Islam, para alentar a los combatientes sunitas frente a la milicia de Hezbollah chiita apoyada por Irán.
El golpe blanco dado por el clan de los Sudeiry al imponer al rey Abdalá el nombramiento del príncipe Bandar a la cabeza de los servicios secretos, significa al mismo tiempo un revés para los conservadores del clan Chammar y los ortodoxos seguidores del predicador salafista que fue mufti de Ryad Abdulaziz bin Baz, del erudito saudí Saleh el Haidan y del predicador egipcio Yussef el Qaradawi, son partidarios de dar la espalda a Estados Unidos y buscar nuevas alianzas con China y Pakistán. Detrás del cambio de alianzas se dibujaría la aspiración de Arabia Saudita de dotarse del arma nuclear para contrarrestar la influencia de Israel. No hay que olvidar que la bomba atómica pakistaní se hizo con dinero saudí.