Hagan sus apuestas: hacerse rico sin trabajar
José María Zavala
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jmzavalagmxnet/8/8/12
jueves 26 de julio de 2012, 20:30h
No sé si pensar que no hemos aprendido nada, o precisamente todo lo contrario: que hemos tomado mal ejemplo. Últimamente me ha llamado la atención el éxito aparente que muestran todos los negocios que basan sus promesas en el azar. Parece el último recurso de “los sin recursos”. Asisto atónito al incremento de páginas web de apuestas deportivas, bingo y casinos online, póker en línea y similares. Quizás sólo sea una “virtualización” de los juegos lucrativos, ya que la legalización de su versión online en España data del año pasado y la Dirección General de Ordenación del Juego empezó a conceder las primeras licencias en junio. Como resultado, 15 sitios de apuestas deportivas en la red ya operan legalmente (8 están esperando la aprobación), 20 páginas de póker online son legales (8 esperan serlo) y 35 casinos llevan a cabo su actividad en línea (5 están esperando la licencia).
A nadie debería impresionarle que en España funcionen los juegos lucrativos también en su versión telemática. No hay más que ver el elenco de loterías, quinielas, concursos televisivos (los más estúpidos a altas horas de la madrugada), rifas, tómbolas, y demás juegos de azar con los que se disfruta por estos lares. ¡Y pensar que hace más de cien años se castigaba con penas de prisión a los “vagos” que frecuentasen las “casas de juego”!
Sin embargo, lo que más me preocupa es la proliferación de otro tipo de “casinos”. Cuando la casta ociosa de los especuladores financieros tendría que ser a día de hoy un grupo marginado y mal visto, resulta que cada vez se ven más anuncios invitando al ciudadano medio a participar de esta ingrata orgía de ilegítimos beneficios. Es la bolsa al alcance del ciudadano, gracias a redes sociales de traders y páginas web para pequeños inversores que se promocionan sin vergüenza alguna: “¿El IBEX sigue cayendo? ¡Buenas noticias para tí! Gana €1.000 en pocos minutos”; “aproveche la volatilidad de los mercados”; “70% de ganancia en menos de 1 hora, cualquiera puede negociar”; “aproveche la crisis griega”.
El viejo sueño de hacerse rico sin trabajar abarca precisamente dos orientaciones morales pésimas: por un lado, que el objetivo en esta vida sea acumular la mayor cantidad de dinero posible (eso que erróneamente es llamado “riqueza”); por otro, que trabajar sea percibido como algo detestable. Parece que realizar un trabajo es algo nefasto a evitar y lo mejor es dedicarse al ocio sin fin. Se escucha el eco de un viejo lema: ¡Deje que su dinero trabaje por usted!
A pesar de ello, perviven los católicos lamentos que con resignación aceptan partirse el lomo como único remedio para ganarse el pan, al tiempo que se condena a hordas de vagos que supuestamente nos rodean y destestan el trabajo: parados, funcionarios, perroflautas, cualquiera encarnado en “el otro” lleva una vidorra a costa de nosotros, los honrados currantes. Olvidamos que quienes responden a ese denostado perfil son quienes viven de la especulación o sueñan con hacerlo.
La economía capitalista está llena de estupideces: sueldos obtenidos a cambio de empleos y productos que no obstante “crean riqueza” y ganancias millonarias logradas por la compraventa de productos financieros que precisamente sumen en la pobreza a países enteros. Al tiempo que esto ocurre, ganarse la vida de una forma decente, productiva, que aporte algo realmente útil al mundo, es una pesadilla que ha de pasar por multitud de trabas burocráticas. En cambio a otros, como los grandes magnates que visitan el país recibidos con una alfombra roja, se les concede cualquier capricho. Tras escuchar los testimonios de pequeños comerciantes, acosados por una burocracia kafkiana, no me queda más remedio que desesperarme: al pequeño se le aplica la ley, al grande se le pregunta cómo la quiere.
No hemos escarmentado, no hemos aprendido nada bueno del mundo de las finanzas. Parece un reflejo de las poblaciones a las que controla sutilmente. Si una masa borreguil no tiene inconveniente en malgastar su dinero en apuestas, sorteos e inversiones especulativas, ¿por qué iba a importarnos que otros hagan lo mismo con nuestro dinero?