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La Madre de Todas las Batallas

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
sábado 28 de julio de 2012, 19:21h
Mientras usted lee esta columna, los aviones Mig-21 y los tanques del Ejército de Bashar el Asad estarán bombardeando los barrios de el Salahedín, Al Sahur, Hanano, Al Shaar, Al Fardus y Al Furqan en Alepo, la segunda ciudad más importante de Siria.

Desde hace semanas, el régimen de El Asad ha perdido la iniciativa militar mientras los rebeldes han tomado puestos fronterizos con Turquía e Irak. El General Roberto Mood, jefe de la misión de observadores de Naciones Unidas en Siria ha declarado que la caída de El Asad es cuestión de tiempo pero también ha advertido que eso puede no significar el fin de la guerra.

Los combates han llegado a un punto en que los rebeldes pueden no vencer pero desde luego distan mucho de estar derrotados. El ejército sirio aún dispone de armamento pesado y el propio Asad ha advertido de la posible utilización de armas químicas. Sin embargo, los rebeldes continúan recibiendo armas y munición suficiente para prolongar los combates de guerrilla urbana que vienen socavando la moral y la fuerza del régimen.

El problema es que nadie sabe bien dónde están los buenos ni los demócratas. Es evidente que los civiles son las grandes víctimas de esta guerra civil y que las matanzas están socavando los apoyos que el régimen sirio podría recabar. La comunidad internacional asiste horrorizada –pero inactiva- a ejecuciones masivas, fusilamientos, torturas y desapariciones mientras dos bandos se enfrentan en Alepo, Damasco y otros núcleos urbanos sin que esté claro quiénes representan la libertad, la democracia ni los derechos humanos. La penetración de Al Qaeda entre los rebeldes preocupa tanto como la agonía de un régimen que se resiste a morir. Efectivamente, la guerra y la inestabilidad podrían seguir mucho tiempo después de la caída de Asad. La sombra del conflicto libio sigue siendo alargada.

La Segunda Guerra del Golfo ha recordado las dificultades de combatir en entornos urbanos con tácticas de guerra convencional. Los helicópteros y los tanques son esenciales y los rebeldes disponen de cohetes, granadas y explosivos para neutralizar tanto el avance de la infantería como los ataques aéreos. En una lucha casa a casa y calle a calle, la batalla de Alepo puede alargarse durante semanas –como los enfrentamientos en Damasco- sin que pueda aventurarse quién vencerá. A medida que pasan los meses, la moral de los rebeldes aumenta y la de las tropas de Asad va disminuyendo. Nadie quiere terminar como los mercenarios de Gadafi. La propaganda de unos y otros tiende a propiciar las deserciones pero por ahora los rebeldes llevan, también en este terreno, la iniciativa. La deserción del general Manaf Tlass –jefe de una unidad de élite de la Guardia Republicana- hace algunas semanas ha sido un duro golpe para el régimen. Las fuentes gubernamentales cada vez tienen menos credibilidad y los comunicados de las organizaciones rebeldes encuentran día tras día mayor eco. Los rebeldes están utilizando las redes sociales con mayor inteligencia que los partidarios de Asad. Todos coinciden, sin embargo, en que estamos en un punto de inflexión. También la guerra libia tuvo un giro después de que los rebeldes resistieran en Misrata.

La Batalla de Alepo ha comenzado pero nadie sabe cómo va a terminar.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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