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Borsellino, Falcone y la mafia en Italia

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 29 de julio de 2012, 19:02h
En el 2012, se cumplen los aniversarios de dos importantes eventos que cambiaron la historia reciente de Italia: Tangentopoli, la operación Manos Limpias, una operación judicial que se proponía investigar una trama de corrupción y sobornos que involucraba a las más altas esferas estatales y la muerte de los jueces Giovanni Falcone y Paolo Borsellino. En el caso de este último acontecimiento, a pesar de haber transcurrido dos décadas, sigue habiendo muchos puntos oscuros y verdades por descubrir. Falcone y Borsellino murieron con dos meses de distancia, pagando con la vida su valentía, su coraje en enfrentarse a la mafia siciliana. Sin embargo, como apuntábamos en anteriores colaboraciones, el misterio en torno a estos turbios acontecimientos alimenta la sospecha de que estos jueces no sólo se enfrentaron a la mafia sino también se opusieron a unas posibles negociaciones entre exponentes de la criminalidad organizada y primeras planas del Gobierno de entonces. Y ahora por presuntas razones de Estado aún no se ha encontrado la verdad.

Lamentablemente sigue presente la sospecha de que esos jueces fueran asesinado porque contrario al cierre de la negociación y, por lo tanto traicionado por algún infiel servidor del Estado. Los dos hombres de Ley mostraban su total y tajante disconformidad ante la posibilidad de que el Estado italiano y la mafia pudieran negociar, alcanzar un acuerdo basado en unas concesiones en materia penitenciaria a cambio de terminar la ola de atentados que afligían el país en aquellos años. Falcone y Borsellino se habrían opuesto categóricamente a tal canje y se convirtieron en enemigos públicos de la mafia. Merece la pena recordar las palabras de Borsellino: “política y mafia son dos poderes que viven del control del mismo territorio: o se hacen la guerra o se ponen de acuerdo”. Quizás que por eso mismo, su agenda roja, donde apuntaba sus reflexiones y descubrimientos, desapareció del lugar del crimen. Por su parte, en lo que concierne a los posibles nexos entre política y mafia, Falcone afirmaba: “quien acaricia a un tigre acaba perdiendo un brazo”. Ambos perdieron la vida y la duda de que aquellos atentados no fueron solo cosas de mafia. El silencio del Estado daña su imagen y la credibilidad de sus instituciones: además, no se debe olvidar que “la mafia mata, el silencio también”.

Aún hoy en día sigue la duda de que sus muertes fueran en vano: sirvieron para desatar una ola de protesta de una indignada opinión pública nacional y para que el mundo conociera la magnitud del drama mafioso en Sicilia. Pero mucho queda por hacer en esa guerra y el final de las organizaciones criminales nunca parece llegar. Cada vez que el Estado logra decapitar los vértices de la mafia, diezmando sus fuerzas, las organizaciones criminales parecen capaces de reorganizarse y de adueñarse de parte del territorio. Por lo tanto ya ha llegado el momento de iniciar una obra de saneamiento social, recuperación del territorio y garantizar, a la vez, una mayor presencia del estado, que no se limite a militarizar las áreas plagadas de mafia. Se trata de investigar la estrecha connivencia de la política, esclarecer la zona gris donde el poder mafioso y el político se tocan y funden. Se trata de vencer “la inmensidad del mal”, expresión acuñada por el genial escritor siciliano, Andrea Camilleri, para describir las posibles infiltraciones del mundo criminal en un Estado desviado y anómalo.

Falcone y Borsellino fueron dos ejemplos a seguir por su inteligencia –entendieron la necesidad de atacar la mafia en su poderío económico-, su valor y sacrificio. Por eso, pensar que los jueces hayan sido matados y traicionados por el propio Estado que servían representa una hipótesis vergonzosa. Pero descubrir la verdad sería la mejor manera de honrar la memoria de esos héroes nacionales, dos magistrados que tuvieron el valor de lanzar una agresiva batalla contra la mafia y que, hoy en día, representan unas figuras emblemáticas de la lucha contra ellas. Demostraría de una vez que el Estado italiano tiene la verdadera intención de combatir a la mafia. Falcone y su mujeres, Borsellino y su escolta merecen conocer la verdad: no le basta con saber que, en palabras de Falcone, “los hombres pasan, las ideas permanecen. Continuarán caminando sobre las piernas de otros hombres”. Necesitan respuestas y que la guerra a la mafia continúe.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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