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El triunfo de la mediocridad

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 18 de abril de 2008, 21:52h
Con profunda tristeza decía Ortega que la Historia de España es una constante aniquilación de los mejores. Podríamos ejemplificar este aserto con miles de casos de todas las tendencias, profesiones y perspectivas. Ahora se ejemplifica con los nuevos dirigentes del PP: quedan fuera las personalidades señeras de penetrante despejo, capaces de vencer al PSOE en las próximas elecciones con su propio sabor de fuerte carácter individual, y entra en escena la mediocridad anodina del aparato del partido, la burocracia gris, el encanto cándido de la inexperiencia lacayuna. Parece que Mariano sigue el consejo que Tarquinio el Soberbio dio a su hijo Sexto para hacerse con el poder en la ciudad de Gabios. Decapitar a todos los que son más valiosos o tan valiosos como él. Si no venzo yo, que no venza otro.

La gran esperanza es Esperanza, renovada maja bravía del 2 de mayo. Nos encantaron los detalles que como Ministra de Educación percibimos en ella. Cómo ayudaba suavemente con su enérgico brazo a levantarse al Profesor Rodríguez Adrados de la “ima cavea” del teatro romano de Segóbriga, tras terminarse una representación estudiantil de una tragedia euripídea. Distinguía lo que es importante de forma permanente, per se, eviternamente fundamental, y lo que es sólo hijo de la coyuntura empresarial y económica, y de las necesidades laborales en permanente cambio. Mujer de principios berroqueños, que jamás traicionará su credo liberal por razones electorales. Defiende el latín y el griego en la enseñanza secundaria, y eso es algo que no lo puede perdonar la nueva e ignara derecha sorayesca, los que no son fríos ni calientes, la tibieza que compagina mejor con una cosa y su contraria.

Si la honesta y pragmática tecnocracia que representa hoy lo mejor del gallardonismo -sus formidables y serios cuadros técnicos- confluyese en la corriente liberal y poderosa de Esperanza Aguirre ninguna fuerza política hoy en España podría parar el empuje del PP. Unidos Esperanza y Alberto serían el futuro de España si a Rajoy no le ocurriese lo que le ocurría a Ovidio: “Video meliora proboque, deteriora sequor”.

Mientras, en la España real, la vida de un hombre inocente encarcelado durante un año por criminal desidia de una jueza vale apenas 18 millones de las antiguas pesetas. Sufrimos una justicia corporativa hasta en el más execrable delito de uno de sus miembros.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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