Lo que se avecina, según una notable cantidad de análisis coincidentes, es el fin del euro. Un artículo publicado en Die Welt am Sonntag, el diario alemán, considera que no hay una verdadera unidad europea, y que las diferencias entre los países son demasiado profundas como para que pueda mantenerse la moneda común.
El autor, Michael Fabricius,
considera que “la diplomacia en torno al ‘euro común’ está en sus últimos estertores. Los acuerdos son sólo superficiales. Hay de fondo masivas fuerzas centrífugas, y esas fuerzas están creciendo”. Recoge las discrepancias sobre todo en torno a los instrumentos para ayudar a los países con problemas y a la medida en la que se deba acudir a ellos. “
Se ha abierto un profundo abismo entre el norte y el sur”, sigue el autor. Un abismo que hace referencia a la productividad en ambas áreas europeas. De hecho este lunes coinciden
Bernard Delbeque y el think tank europeo
Bruegel en señalar tanto la relevancia de esta diferencia como el hecho de que pone en riesgo la continuidad del euro.
Por su parte, Alasdair MacLeod, del Cobden Centre, habla de “
La inevitable muerte del euro”. ¿De dónde viene esa inevitabilidad? De que los países que tienen problemas no asumen sus responsabilidades. ¿Adivinan a qué país apunta? “El presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, fue elegido con una amplia mayoría el pasado mes de noviembre, pero no ha recortado el gasto. En lugar de reducir el peso del sector público sobre la economía, ha elegido penalizar al sector privado productivo por medio de unos impuestos más altos”. Y apunta, no sin razón: “
Si alguien ha tenido la oportunidad de enfrentar la realidad con un mandato electoral, ese es Rajoy. Pero si no lo ha hecho es o bien porque lo consideraba políticamente imposible, o bien porque él es, simplemente, muy débil”. Quizás, apunta el autor, sea que ha visto arder las barbas de Sarkozy.
Las consecuencias de esa falta de responsabilidad de los países con problemas es que se amontona el peso de los futuros rescates sobre Alemania. Reuters señala que “un rescate de España probablemente doblaría el de Grecia, Irlanda y Portugal juntos, mientras que la economía de Italia es el doble de tamaño de la de España”. Y, como ha calculado el profesor Phillip Bagus, el coste total sobre Alemania de los rescates serían cuatro veces los ingresos fiscales de aquél país. Inasumible. Hay otra salida, dice el autor: la inflación. Es decir, el fin del euro. Inasumible.
No acaban aquí las alertas sobre el fin del euro. En
el artículo mencionado de Reuters, un “político importante de la eurozona” dice que “en septiembre llegará, indudablemente, el momento del colapso”. Precisamente en septiembre, el día 12, el tribunal constitucional alemán determinará si el nuevo Mecanismo Europeo de Estabilidad, el que podrá comprar deuda española e italiana, es compatible con la Constitución germana. Si dice que no, las consecuencias serán demasiado duras para entrar a valorarlas. Y todavía hay más menciones en la prensa internacional sobre la cercana eventualidad del fin del euro.
Todas estas consideraciones no parecen exageradas, dado que este lunes el presidente del Eurogrupo, Jean Claude Juncker, ha anunciado que habrá decisiones importantes en los próximos días.