Las pasiones y la política (a modo de presentación)
Guillem Rosselló
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grrossellogmailcom /10/10/16
miércoles 01 de agosto de 2012, 21:14h
En el panorama político, un día de estos se tendrán que empezar a cambiar algunas concepciones que se mezclan de una forma absurda hasta que nos alejan de la verdad poniendo nuestra democracia en la misma altura que un cuento de hadas que, en un momento u otro, se tendrá que cerrar.
Desde siempre he tenido un cierto reparo ante todo aquel que se crea ser un iluminado o un salva-patrias –Dios nos guarde de ellos por muchos años-. Y no es que esos seres autonombrados únicos, sean un problema en si mismos, sino que lo son porque, tras la estela de su mirada –normalmente vítrea, un poco desparramada y siempre prometedora- se llevan a todos los ciegos de la patria, que no son pocos –vale la pena anotarlo aunque sea una lástima- y que, al ver la luz, deslumbrados, ya no dudan que han encontrado la verdad y la siguen abandonando aquel grado de exigencia que la razón exige. Un día de estos sus señorías políticas –todas- deberían subir un escalón en el entramado de su discurso y, dejando de abusar de los sentimientos –cuentos para remover conciencias-, aferrarse a la razón y explicar su doctrina, sus opciones, su motivo de ser. Hace tiempo –y lo siento- que echo de menos un discurso político elaborado, coherente, que no decepcione a aquellos que no estamos deslumbrados por nadie y necesitamos un poco de claridad en las ideas que sus señorías o no, nos transmiten a diario con sus palabras o sus hechos.
Ningún partido político debería esquivar esa autoexigencia que nos lleve a la Europa más culta y –al fin- a la postmodernidad. Me explicaré: No se puede decir que no hay crisis si la hay porque es de bobos, no se puede prometer lo imposible porque indigna, no se puede ser sindicalista cuando un gobierno recorta el abastecimiento –sobra mucho- de los sindicatos, porque se ven unos intereses poco sociales. Pero así está el cuadro social de España: a un lado los políticos, con sus escaños, deslumbrados por sus líderes, pataleando, sin casi hablar, usando el insulto como argumento y la descalificación como arma; al otro lado del lamentable escenario estamos los españoles: decepcionados unos, otros aplaudiendo desde ancho gallinero patrio, y unos pocos esperando que alguien, de una vez, esboce el añorado discurso. La política y los políticos, olvidando a los iluminados y a los cuentos de hadas –son para niños- solo pueden tener una pasión: la que exige la verdad razonada y la exhibe dejándose de mediocridades que solo atañen a los mediocres –que tampoco son pocos- del requemado solar patrio.
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profesor y escritor
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grrossellogmailcom /10/10/16
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