TRIBUNA
Las Alemanias y el vuelo bajo de Merkel
miércoles 08 de agosto de 2012, 08:46h
Durante meses, la bestia negra de la crisis —la culpable de todos nuestros males- en el sentir de los depauperados países del sur de la UE, ha sido la canciller Merkel. ¡Hay que ver las cosas que se han dicho de ella en las redes sociales y en las tertulias teleradiofónicas, en las que suelen abundar toda clase de barbaridades y que, por la ignorancia, fantasía y mala leche que suelen destilar, se parecen a aquellos bestiarios medievales, catálogos de todos los horrores imaginables! Pero desde la primavera pasada tomó el relevo Draghi, como objeto del pimpampum mediático; a él también le han llamado de todo, aunque después de su discurso en Londres del 26 de julio gozó de unos pocos días de alto el fuego. Pero aquello duró poco porque el pobre, a pesar de ser italiano, se convirtió en una depurada expresión de aquella actitud tan española de “donde dije digo, digo Diego”. Y es que desde la reunión del BCE del pasado jueves día 4 ya no le elogian, pero tampoco le critican: peor aún, le menosprecian porque piensan que no pinta nada y eso que no sacó a flote sus propuestas por muy poco: era necesaria la unanimidad…y le faltó un solo voto. ¡Pero qué voto…! Nada menos que el del presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, y en el comité ejecutivo del BCE, aunque en teoría todos son iguales, hay uno, el alemán, que es “más igual” que todos los demás bancos centrales de la eurozona. Weidmann se quedó solo en su espléndido aislamiento porque hasta el otro alemán del comité, Jörg Asmussen, secretario de Estado de Hacienda hasta el año pasado, votó a favor de Draghi. Lo curioso es que ahora es éste, el italiano y no el alemán, quien hace figura de solo y abandonando.
La tentación de ver la mano de Merkel —estratégicamente de vacaciones en estas fechas- detrás de estas escaramuzas es muy grande, pero plantea no pocos problemas, aparte la constitucionalmente garantizada independencia del Bundesbank. Tanto Weidmann como Asmussen son hombres de la máxima confianza de la canciller con la que han colaborado estrechamente y están donde están porque ella así lo ha querido. Los viejos fantasmas de Weimar, con la brutal hiperinflación que destrozó la economía alemana, explican que cuando se crea el Bundesbank en 1949 se le asigne como principal misión el control de la inflación, lo que hizo del deutschmark la moneda más sólida y fuerte del continente. Weidmann, que es un hombre joven, sigue sin embargo la vieja escuela al pie de la letra y es tan obseso de la lucha contra la inflación como sus predecesores. Pero los tiempos son otros, el euro no es una simple “traducción” del marco alemán y el BCE no es —o no debe ser-un trasunto del Bundesbank. Y, sobre todo, la crisis ha dejado obsoletas las viejas recetas y exige una mayor creatividad. Trichet lo intentó con algún éxito, Draghi no ha querido o no le han dejado.
Pero la presente situación, y las dudas que suscita, también nos dicen mucho acerca de cuánto ha cambiado Alemania en los últimos años. Ni la Alemania ni los alemanes de ahora son como los de hace medio siglo y eso se nota en las políticas que aplican y en la visión que tienen de los otros europeos. No hay que olvidar que Alemania no logra su real unidad hasta hace 140 años, que vuelve a dividirse tras la tragedia nazi y que no se reunifica hasta hace poco más de treinta años. Históricamente las diferencias de todo tipo han estado muy marcadas desde siempre. No pocos autores prefieren hablar de “las Alemanias”; las mentalidades, los estilos de vida y hasta los lenguajes han sido diversos y desde la Reforma la distinción entre un norte y un este protestantes y un oeste y un sur católicos han sido determinantes. A partir de 1866, cuando Austria queda definitivamente desgajada del marco político alemán, el contraste entre una Alemania renana y una Alemania prusiana no pueden dejar de tenerse en cuenta, porque es decisivo. Y no se puede olvidar que la Prusia que se origina y desarrolla en los confines orientales del mundo germánico, donde se encuentra y hasta se mezcla con los eslavos polacos y checos, se expande desde finales del siglo XVIII y principios del XIX por todo el norte alemán, llegando al mar del Norte lo que, más tarde, alimentaría las ensoñaciones del Káiser Guillermo II, que aspiraba a una Weltpolitik, proyecto en el que hundirá sus raíces la Guerra de los Treinta Años del siglo XX, de 1914 a 1945, con el interregno del llamado periodo de entreguerras, que verá nacer el horror de los totalitarismos, muy especialmente el nazismo hitleriano de la “Europa alemana”.
La República Federal de Alemania, nace en 1949, amputada la zona de ocupación soviética, convertida más tarde en una sedicente República “Democrática” Alemana. Y nace con una voluntad claramente occidental, de anclarse en el entonces llamado “mundo libre”. La RFA no sería concebible sin la acción de Konrad Adenauer, renano y católico, cuya obra culminará con la reunificación, que tiene como motor y realizador a otro renano católico, Helmuth Kohl. Uno y otro tienen muy claro que la Alemania del futuro no tendría sentido sin un fuerte anclaje con Europa. A diferencia de Hitler que había querido una Europa alemana, ellos apuestan por una Alemania europea.
No quito el mérito a los dos grandes cancilleres socialdemócratas, Willy Brandt y Helmuth Schmidt, procedentes ambos de dos ciudades hanseáticas, el primero nació en Lübeck, el segundo en Hamburgo. Como hombres del norte su vocación, especialmente la del primero, les llamaba más hacia el este. Brandt fue el promotor de la Ostpolitik, la apertura al este comunista, versión siglo XX de la medieval Drang nach Osten, que llevó a los Caballeros Teutónicos a los confines de Rusia. Su política puede verse como la preparación remota de la reunificación que lleva a cabo Kohl.
Angela Merkel, aunque nació en Hamburgo, hija de un pastor luterano, vivió e hizo sus estudios en la Alemania comunista y está más vinculada a los Länder orientales, especialmente a Mecklemburgo-Pomerania Anterior. Formada políticamente por Kohl —fue llamada “la niña de Kohl”- está muy alejada de la mentalidad renana de él y un escándalo de financiación ilegal del partido, la CDU, fue utilizado por ella para atacar brutalmente a su mentor y distanciarse de él. Sin Kohl no habría habido, muy probablemente, Merkel, pero el agradecimiento o la mera elegancia, no son precisamente virtudes que abunden en la vida política. Por cierto, el “sucesor designado” por Kohl era Wolfgang Schäuble —otro renano de Friburgo de Brisgovia- al que dio de lado con el mayor desparpajo, aunque ha tenido que contar con él porque, a pesar de estar atado a su silla de ruedas desde 1990, es por su inteligencia y experiencia un personaje indispensable. Cuesta trabajo pensar que algunos de los errores de Merkel —como la decisión de acabar con la energía nuclear, tomada impromptu tras la catástrofe japonesa de Fukushima- los hubiera hechos suyos Schäuble.
Merkel pertenece a la generación que ya no siente ningún tipo de culpabilidad por cuanto supuso el nazismo y la guerra. Una generación que ya no cree que, para hacerse perdonar, Alemania tenga que hacer alardes de europeidad. Los alemanes de ahora entienden que no le deben nada a nadie, sino todo lo contrario, que los otros les deben mucho a ellos, en el sentido más estricto y monetario, lo que no deja de ser verdad. En vez de la “Alemania europea” de Kohl, quieren una “Alemania alemana”. Se ha generado así una opinión pública que no quiere sacrificarse mientras otros disfrutan de lujos que, dicen, han conseguido con su dinero. Sin duda, Alemania ha contribuido mucho a la UE. Pero la UE ha sido también muy generosa con Alemania cuando tuvo que hacer, durante la década de los noventa, la pesada digestión de la Alemania del este.
Tendrían que leer más un informe de hace un par de meses, encargado precisamente por Schäuble, acerca de los efectos de una hipotética quiebra del euro. Las conclusiones son demoledoras. Desde luego para países como el nuestro cuyo nivel de vida descendería espectacularmente (la nueva peseta habría quedaría devaluada un 30 o 40 por ciento como mínimo) y nuestro PIB caería no menos de un 12-15 por ciento. Pero a Alemania no le iría mejor pues es un país fundamentalmente exportador que vende a sus socios comunitarios el 42 por ciento de lo que exporta. ¿Quién iba a comprarles con las nuevas-viejas monedas devaluadas y con sus antiguos socios del euro arruinados?
La política “amarrona” de Merkel, su ciego seguimiento de una opinión pública que practica aquello de que “la caridad bien entendida empieza por uno mismo” se explica sobre todo por su temor a las próximas elecciones generales que, como muy tarde, se celebrarán el 27 de octubre de 2013, es decir a poco más de un año. Y tras los revolcones que ha sufrido su partido en las últimas elecciones regionales, incluida la importantísima de Renania- Palatinado, y los malos resultados de sus socios de coalición, los liberales del FDP, su prioridad es ganar en octubre como sea. Ese es el telón de fondo que explica las complejas vicisitudes y las insoportables dilaciones de la política alemana —así como la del BCE y la de la propia Comisión Europea- en torno a la crisis del euro. Pero están jugando con fuego y pueden acabar quemados, al tiempo que otros quedan abrasados. Escaso consuelo. No practica, en suma, Merkel, la política de altura de un Kohl ni la mueven las ambiciones europeas de éste. El suyo es un vuelo bajo, casi rasante, y cuando no se eleva uno lo suficiente sobre el terreno cualquier obstáculo puede producir la catástrofe.